sábado, 5 de abril de 2014

AHORA ENTIENDO POR QUÉ SUSPENDEMOS EN COMPRENSIÓN LECTORA o INDIAN PALE HAMBURGUESA o GENERACIONES 'ESO'



Mira y remira la carta con gesto como de saber bastante o mucho, o al menos suficiente. Al final, creo que por impresionar al acompañante, le grita a Diego:
-Oye, ¿tienes cerveza IPA?
-¿IPA’s? Sí, claro.
-Pues ponme una cerveza IPA.
-Es que… mira, es que tenemos muchas… [en ese momento, al menos 2 de barril y aproximadamente 80 en carta en botella, que van de los 4 a los 25€, diferencia de precio nada desdeñable]. ¿Cuál quieres?
-Es que no sé cuáles tienes.
Yo, que pasaba por allí por casualidad y que he observado algo que me parece relevante, me detengo a ver cómo se desenlaza el nudo. Pinta divertido.
-Las tienes en la carta.
El chico lleva rato mirando la carta con atención y con gesto como de saber bastante o mucho, o al menos suficiente como para distinguir una IPA de una noIPA, aunque para eso no es necesario más que saber leer porque lo pone clarito.
-Es que no las veo.
Pasa hojas hacia adelante y hacia atrás… se mira la carta y hace gestos como de ‘es que esta carta no se entiende nada’…
Cierto, nuestras cartas de cerveza podrían más didácticas; lo sabemos y le vamos a poner remedio.
Diego se lo mira...
-Es que esa es la carta de comida.
Eso es lo relevante que yo había observado, que el muchacho llevaba rato estudiando atenta y concienzudamente la oferta de hamburguesas.

miércoles, 19 de marzo de 2014

LENGUA QUE AMASA LA BELGA o LAS NÁUSEAS o EMPATÍA o PLAP, PLAP, PLAP o STELLA ARTOIS



Hace unos días un chico me pidió "una belga de esas pero que no sea empalagosa". Para transmitirme con fidelidad las sensaciones que le provoca una belga 'empalagosa', algo muy habitual entre cliente y ‘prescriptor’, emite unos soniditos muy agradables al despegar repetidamente, como veinticinco o treinta veces o alguna más, plap, plap, plap, la lengua del paladar, con la mano derecha abierta hacia arriba bajo la barbilla, simulando una enorme y densa pasta intragable en el interior de la boca, y con una expresión, también muy agradable, de profunda repugnancia. Plap, plap, plap.
Decido hacer mi trabajo lo mejor posible (o sea, como siempre) mientras agradezco a la Providencia no haber estudiado para uróloga. 
Plap, plap, plap.
C-'¿Me entiendes qué quiero decir?’ Plap, plap, plap. ‘Así, como densas, que casi se pueden masticar...' Plap, plap, plap. 
S-'Te entiendo, te entiendo…’
Plap, plap, plap, por si las dudas. Muecas y más muecas de desagrado y plap, plap, plap y plap.
Consciente de mi propensión a los traumas, evoco paisajes edénicos y playas vírgenes y extensas extensiones de campos primaverales floridos, intentando solapar la imagen... Todavía no es irremediable.
S-‘Muchas belgas son demasiado dulces, es cierto.’
Sobre un fondo de margaritas amarillas y blancas y playas larguísimas de fina arena empatizo con él, quien, reconfortado y confiado, quiere estrechar lazos conmigo:
C-‘Me entiendes, ¿no?’ Expresión de repugnancia casi insoportable, ruiditos y chasquiditos de lengua, plap, plap, plap, muy ilustrativos.
S-‘Te entiendo, sí, claro que te entiendo…'
C-‘...muy empalagosas, ¿sabes?, como si…’ y una enorme y densa masa intragable en el interior de la boca y una lengua que la amasa intentando domeñarla, plap, plap, plap.
C-'Es que algunas belgas son así… como pastosas, ¿sabes?’ Y la lengua que bate la masa dentro de la boca, plap, plap, plap, con la mano derecha bajo la barbilla, plap, plap, plap. Expresión de asco.
Tengo náuseas.
Plap, plap, plap…
‘Sí, te entiendo, sí… tengo alguna belga que…’ No me quedan muchas fuerzas.
Plap, plap, plap.
Ojos fijos en los míos para asegurarse de que le atiendo y de que no me pierdo un solo plap; evidente intención, ahora sí, de hacerme enfermar. 
¡Tienes una misión, esto no es fortuito! ¿¿Quién te envía?? 
Plap, plap, plap.
Más náuseas. 
C-‘Así, como densas y empalagosas...'
S-‘Tengo por aquí alguna (belga) que no lo es tanto (empalagosa y densa) y...’ y me dirijo hacia una belga de pocos grados, intentando despistarle del objetivo, pensando ya en pasado y en futuras terapias para superarlo.
-‘Sabes a qué me refiero, ¿no?’ Más ruiditos y chasquidos de lengua, plap, plap, plap.
S-‘Sí, sí’, le respondo escrutando esos ojos que ya forman parte de mi compilación de terrores, esos ojos que sé que me han robado el sueño para mucho tiempo.
Plap, plap, plap.
C-'Así, como pastosas, ¿sabes?'
S-‘Te entiendo. Te entiendo. Y te digo que esta no es así, que esta es mucho más ligera y…
C-‘Es que hay algunas que son así como sopas pastosas...’ Plap, plap, plap, lengua que amasa la sopa.
S-‘No, si ya te entiendo, ya… si ya sé qué quieres decir. Te-en-tien-do. ¡Te entiendo perfectamente! Te digo que esta, por ejemplo, no es tan así, tan densa…’, respondo al límite de la compostura.
Expresión de profunda repugnancia la de él, que ni mira la cerveza que le ofrezco ni escucha lo que le digo, cautivo de su recreación: Lengua que se pega al paladar y se despega repetidamente, plap, plap, plap, y masa pastosa en la boca.
Plap, plap, plap.
S-'A ver... ¿quieres probar esta?' y le enseño la belga de poco alcohol, algo más ligera que la mayoría de belgas. 
C-'Son casi como un puré y…' Plap, plap, plap, lengua que amasa el puré.
Náuseas al borde de algo serio.
C-‘A mí me gustan las belgas como la Coronita.'
C-‘Yo quiero una belga tipo Coronita, ¿sabes?' 
S-‘Esto...’
...
...
Ahora sí me atiende.
...
S-‘Esto… ¿Y forzosamente tiene que ser belga?’, es que no sé qué decir, francamente. Me ha dejado sin palabras.
C-‘Ah, no, en realidad me da igual, yo lo que quiero es una Coronita, porque las belgas no me gustan. ¿Tienes Coronita?’

jueves, 13 de marzo de 2014

TODOS TENEMOS UN PASADO, NO TE AVERGÜENCES DEL TUYO

Todos tenemos un pasado, no te avergüences del tuyo => la Budweiser te parecía una buena cerveza.
Y lo era... te daba lo que querías en aquel momento.


* * *

En el contexto de una cata de defectos, vuelvo a probar una Budweiser (sí, la que hace Damm con licencia, que aquí la otra no llega), quince años después de la última.
Justo la pruebo, por casualidad, tras estudiar el 'defecto' Acetaldehído. Huelo un 'preparado' de esos vertido en 1 litro de cerveza bastante neutra y me pregunto si no será demasiado forzado, demasiado extremo, o sea, exagerado.
Luego, por casualidad, probamos la Budweiser (Bud para los amigos sofisticados).
Me viene Séneca a la mente... Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos.

Diego, que tiene una nariz y un paladar prodigiosos, entre otros muchos talentos, aunque yo nunca se lo digo para que no se me suba a las barbas, me dice: 'Esto me huele a... me recuerda a... uf, cuando yo era joven y bebía cosas de estas... y esta me recuerda a algunas resacas de aquellas...'
http://es.wikipedia.org/wiki/Acetaldeh%C3%ADdo
"Es un metabolito hepático del etanol y principal factor para la aparición de la resaca alcohólica y el rubor facial."

Mis resacas olían muchísimo peor. Diego, que es un artista, debía de ser bohemio. Yo en cambio debía de ser sin saberlo Destroyer Punk y seguramente conocía un acceso secreto a los hangares del aeropuerto.



lunes, 10 de marzo de 2014

ME ESTOY VOLVIENDO UN POCO CASCARRABIAS



Será la edad pero cada vez soporto menos las esperas, las baladas románticas y las cervezas belgas. Viva el amargor, la acidez, el sarcasmo, el ateísmo y la mala leche!!
Pero lo que menos soporto son las GI*******CES.


Me compro un teléfono con X, se 'pierde', en realidad lo roban, me lo vuelven a enviar 10 días después por temas de protocolos, y es que parece ser que Transportescorroquemelaspelo debe admitir el robo para que puedan enviar otro aparato. A todo esto, como si fuera asunto mío, yo esperando. En fin... Al final supongo que Transportescorroquemelaspelo reconoce que tiene una rata en la plantilla y me envían otro teléfono pero, ¡ay!, con las prisas lo envían sin factura, la cual necesito para beneficiarme de una promoción que me devuelve unos euretes bien hermosos... una promoción que acaba a los 3 días. Llamo con intención de pedir un duplicado de la factura.
Llamo, me tienen más de media hora al teléfono oyendo una selección musical de dudoso gusto hasta que me atiende un 'humano', también dudoso, que me deriva a otro supuesto humano, y este a su vez a otro... me cortan la llamada... Esta historia se repite como 5 veces, de hit en hit y de operador en operador para acabar cortando la llamada… Al final consigo solicitar, casi suplicar, a algo o a alguien, tengo mis dudas, que me envíen un duplicado de la factura por mail. Me la envían o al menos eso dicen, aunque, por supuesto, no llega. Esta historia se repite otras 10 veces más, sin exagerar, a lo largo de los 3 días, al ritmo en que se acerca el fin del plazo de la promoción. Me paso los 3 días llamando hasta que al final in extremis y ya por una cuestión de pundonor y de venazo hinchado, logro la dichosa facturita.

Con todo, lo que de verdad me ha cabreado es que una de las veces, cuando llevaba muchas ya, tras tragarme la música de los cojones más de 20 minutos, me piden no sé qué dato que tardo unos segundos, ¡unos segundos!, en obtener, pero, ¡ay!, pobrecita, la muchacha dudosa está con prisa, ‘no puedo estar tanto rato en llamada' y me dice que va a colgar y que tengo que volver a llamar... Le he soltado un bufido que creo que ha recobrado la humanidad, si alguna vez la tuvo, de golpe.  

Son todos igual de inútiles. 
Verdad delagüena.

No me quejo de los operadores, que podría, por supuesto que sí, pero en este caso sólo explico lo más desapasionadamente posible mi experiencia. Es que últimamente no me inspira tanto la cerveza.

martes, 25 de febrero de 2014

OTRA MANIFESTACIÓN DEL TEDIO

Entre otras clasificaciones mucho más significativas e importantes, como por ejemplo la relacionada con sus hábitos de consumo o preferencias (esta es una auténtica chorrada), mis clientes también podrían clasificarse en dos grupos según su confianza en las bolsas: los hay que cargan y cargan y cargan la bolsa hasta que el plástico se vuelve transparente y se estira, con una fe audaz, incondicional e ilimitada en su resistencia; y los que me piden doble bolsa para cada botella y, al marcharse, abrazados a su montón de bolsas, con expresión aterrada y anhelante y un perceptible temblor en la voz, me preguntan ‘¿aguantará?’ a lo cual respondo que, por supuesto, aguantará. A que no existan los términos medios debo muchas sonrisas.
El tedio… ese pergeñador de hipótesis y otras estupideces.

miércoles, 19 de febrero de 2014

TENGO MUCHOS PREJUICIOS o USA LOS PREJUICIOS CON MODERACIÓN Y DE FORMA RESPONSABLE




Tengo prejuicios. Y muchos.
Tengo prejuicios, sí, y no me importa admitirlo; a pesar de su mala prensa, no son malos per se. Los prejuicios son consecuencia del aprendizaje… no, mejor dicho, son aprendizaje en sí mismos. Los prejuicios te evitan cometer muchos errores, y resultan indispensables para sobrevivir.
Los prejuicios son ideas sobre un asunto previas a la experiencia directa. Se basan en experiencias anteriores que creemos iguales o muy parecidas; y ahí radica el problema, precisamente, porque no siempre lo son y en caso de hipotrofia del músculo intelectual, no sólo impiden una nueva experiencia sino que sientan cátedra y generan tópicos falsos en muchos casos.
A esto deben, los prejuicios, su mala fama, pero ellos no tienen la culpa sino la cerrazón mental del individuo. Como de casi todo, también de los prejuicios se aconseja un uso responsable y moderado.
Tengo prejuicios en todos los ámbitos, así que también los tengo en el cervecero, cómo no, y a ellos les debo la salud. Y es que no puedo probarlo todo. El alcoholazo personal tiene un límite y bastante bebo ya, así que tengo que descartar.
¿Y en qué consisten mis prejuicios cerveceros?
Cualquier idea previa a la degustación de la cerveza, favorable o desfavorable, con independencia de qué la inspire, es un prejuicio y yo tengo muchas ideas previas sobre cualquier cerveza. Sin probarla, con bastante tino preveo cómo será una cerveza, la anticipo, me compongo una idea con elementos ajenos al líquido, es decir, ajenos a la cerveza en sí, y que a veces poco o nada tienen que ver con la información de la etiqueta, y sé si va a gustarme o no.
Todos los bebedores ‘expertos’ funcionan así: descartan tal o cual cerveza en un proceso intuitivo tan natural que apenas reparan en ello. Y suelen acertar.
Mis figuraciones tienen una base muy ancha y se fundamentan en muchos años manejando cerveza, por eso, aunque suene presuntuoso, rara vez me equivoco. En el margen de error caerán productos que merecen la pena, seguro, pero no me preocupa porque esos perduran y acabaré por enterarme de un modo u otro.
A veces percibo la información por debajo de los límites normales de la percepción, toma ya, de forma subliminal, que es algo que mola mucho decir porque parece cosa importante, y el proceso es del todo inconsciente.
A mí me influye mucho la etiqueta y la imagen, sí, como a todo hijo de vecino; y es que para eso está la imagen, para influir. La imagen no es sólo la ilustración que aparece en la etiqueta, no, va mucho más allá, es crucial porque comprende y genera todos los valores adheridos a la cerveza (y a cualquier producto). La empresa desarrolla la imagen según el público objetivo: Rosita nunca pondría en su etiqueta una perra arrastrando el chirri sangrante por el suelo ni Zulogaarden pondría una cándida mujercita con un puñadito de espigas en la mano. Me voy pretendidamente a extremos para explicarme mejor.
Me predispone mal una imagen demasiado conservadora o la escasez o imprecisión de la información en la etiqueta… Obviaré qué opino si la información es falaz o engañosa.

Esto de la imagen es tan fascinante como complejo, por cierto, y desde el mostrador, en una de las formas de manifestación más comunes del tedio, intento establecer una teoría. Por el momento sólo entreveo muchas hipótesis.
Prejuicios… no son tan malos, no.
Mis prejuicios son más numerosos y más firmes cuando se trata de cervezas de aquí… perdón, de aKí, y es así por diversos motivos: conozco el ‘panorama’, he presenciado su desarrollo, más o menos conozco en qué punto de la escala evolutiva están muchos y qué puedo esperar aproximadamente de este o aquel. Toda esta información compone mis prejuicios, que son, he de decir, menos favorables en general con las cervezas de aKí que con las llegadas ‘de fuera’.  No puedo sustraerme de que lo que llega ‘de fuera’ pasa una criba, sea más o menos severa y exigente esta, y que, salvo productos de grandes cerveceras que no entran en el debate, nadie se pone a exportar/importar mierda de solemnidad; en cambio, la distribución del producto de aKí no requiere más que los papeles en regla (y a veces ni eso), producto y una furgoneta.
Por supuesto, mis prejuicios beben mucho de la trayectoria de la cervecera: qué tipos de cerveza ha elaborado hasta el momento y cómo les han salido. La falta de ambición o/y de regularidad me echan patrás. Me ponen especialmente nerviosa las gamas ‘la suave-rubia’, ‘la tostada’ y ‘la de trigo’ porque los asocio a ‘una de tantas y, además, mala’, y aunque esta relación seguramente es muy personal, se cumple la mayoría de las veces.
Quién vende la cerveza, junto con qué la vende y con qué discurso, o sea, el canal de distribución, también me condiciona. Lo siento, no puedo evitar ponerme a la defensiva cuando me ofrecen cerveza y quesos y jamones y almendras garrapiñadas. Ya ni hablar del comercial que me dice que ni entiende de cerveza y ni quiere aprender porque en realidad no le interesa ya que es solo un complemento al embutido leonés (verídico) mientras deja las cajas, calentitas de tomar el sol en el coche, bocabajo, bocarriba o de lao. No me va a gustar nada, lo sé, ¡lo sé!
También me condiciona negativamente las etiquetas tipo ‘cerveza muy natural’, ‘cerveza muy artesana’, que es que resulta que hay grados de artesanía y de naturalidad, y no es lo mismo poco que mucho, obviamente.
Cerveza ‘muy primigenia’, ‘muy tradicional’, ‘muy bucólica’, ‘cerveza muy rasta’… o ‘cerveza muy cool’ o ‘muy sofisticada’ o ‘muy moderna’… conceptos, algunos, tan distintos y sin embargo aquí significan lo mismo: mucha poca idea y mucha jeta en íntima comunión que gestan una cerveza pseeeeeee. Habrá excepciones, claro que sí.
Mucha chapa y mucha etiqueta y mucha botella y mucho packaging, al igual que el muchismo de lúpulo, suele encubrir defectos o carencias, así que el exceso de moños y galones y purpurinas y lazos y lentejuelas también me condiciona negativamente. Las prefiero feas, qué le voy a hacer.
Hay frases con tal poder sugeridor que son capaces de ponerme a la defensiva de 0 a 100 en medio segundo. Ejemplo: ‘Mi cerveza es muy gastronómica.’
¿Es que alguna es equina? ¿Pictórica? ¿O aviesa? ¿Alguna es sociable o romántica o mitológica o depresiva o simpática?
Es que con eso de las etiquetas estamos llegando a unos extremos que, de verdad, son un despropósito. Cerveza gastronómica… eso es como decir que un libro es bibliográfico o que una bicicleta es ciclista o que un perfume es perfumado o que el agua está aguada o que hace un día soleado de sol. ¡Todas las cervezas son gastronómicas!
Mi trabajo consiste en vender cerveza y a veces se la vendo a gente que sabe mucho y otras a gente que sabe poco o nada, y 'cerveza gastronómica' es el claim que podría emplear tratando con un restaurante que se inicia en la cerveza, que jamás se ha planteado sus posibilidades de maridaje y cuya única preocupación es que no se le queden, y que celebra todo argumento de venta. Pero que un elaborador me diga eso a mí significa que, o no tiene ni *uta idea él o cree que no la tengo yo, y ninguna de las dos opciones es demasiado halagüeña.
‘Una cerveza para todo el mundo.’ O sea, ni chicha ni limoná… pues para eso me tomo una PataDamm o una Infanta Naranja que me cuestan la mitad y no tengo que pensar.
‘Mi cerveza es la primera de…’ y la última que yo vaya a probar.
Otra frase que me indispone automáticamente y sin remedio es ‘me quedé en paro y como la cerveza está de moda me dije…’

Sin embargo, dos o tres ejemplos del año pasado me recuerdan constantemente cual mantra que no soy infalible. En realidad es una suerte porque las sorpresas positivas siempre son agradables.
Me equivoqué con Kamek, una colaboración entre Menduiña y L’Anjub, una birra de la que no esperaba mucho porque no esperaba mucho de Menduiña y porque los productos de L’Anjub, aunque son rebuenos, no se caracterizan por la exuberancia de los lúpulos.
Kamek ha acabado en mi lista de birras prefes del 2013 y de lo que llevamos de 2014. Y de ahí pasé a Menduiña Santa Compaña más confiada, la cual que me confirmó que el burro sí sabe cómo hizo sonar la flauta porque en realidad sabe tocar. Y progresando a ojos vista.
Me equivoqué con Keltius. Una micro gallega (que no se me ofendan los gallegos, pero es que en Galicia recién estrenan esto de la birra artesana) de la que no había oído hablar no podía hacer birra demasiado buena. Imposible. Y resulta que Keltius hace una birra excepcional. Debería informarme mejor.
Y entonces, por mi memoria, tras la Kamek y Keltius desfilan otros: Me equivoqué con Quer. Me equivoqué con la Caubeen de Hort del Barret. Me equivoqué con As en general. Me equivoqué con Milana y su IPA Shipa (con Vudú ya estaba yo advertida). Me equivoqué con Dimoni, el brewpub de Badalona. Me equivoqué con tantas…

Ahora que lo pienso… la verdad es que el año pasado no di una.

Y he descubierto una cosa: me encanta equivocarme.





Oye, yo podría no habértelo contado, pero tú podrías no haberme leído, ¿no?