Durante una peculiar mesa redonda (no hubo mesa, hubo corro de sillas) en la que
participamos durante el Barcelona Beer Festival, se trataron muchos asuntos, algunos muy
interesantes, otros no tanto, concernientes y relacionados con el mercado español de
cerveza artesana. Analizamos la
situación actual con ánimo de diagnóstico y tratamiento, y con propósito de
enmienda, de ser necesarios. Igual estabas allí.
Yo me quedé con ganas de más, no
sé tú. Quizá éramos demasiados y nos costó entrar en materia y ponernos de
acuerdo y consensuar algunos conceptos y, cuando empezábamos a hincar el diente
en blando, se dio por acabada la sesión. Una pena.
El caso es que, casi sin querer
y sin el menor desarrollo, se aludió a una cuestión que quiero exponer aquí, por
conocer tu opinión, que tienes perspectiva e intereses distintos a los míos.
Durante el corro de sillas, nadie opuso argumento alguno, así que entiendo que
todos los allí presentes estaban de acuerdo; ni siquiera yo, replicona
impenitente, puse objeción, quizá porque a priori parece sensato… pero deja de
parecerlo a poco que profundicemos… creo.
Te cuento:
Durante la charla, un colega
del sector aludió a una pretendida o supuesta o posible responsabilidad del
vendedor: Él no vende cervezas malas, es decir, se niega a comercializar
cervezas que a él parecen malas. Y añadió que esa era su obligación, ¿no?,
que funcionaba así, que una tienda de cervezas no debe vender cervezas malas.
En esta línea, hace un tiempo
una amiga (alguna me queda) me habló de unos amigos suyos que regentan una
tienda de cerveza en Italia, o quizá me habló de la tienda de cerveza que
regentan en Italia unos amigos suyos, o de las cervezas de la tienda que unos
amigos suyos regentan en Italia… la verdad es que no recuerdo el motivo de la
conversación, sólo la anécdota: sus amigos son muy exigentes en la selección de
su oferta y no venden ninguna cerveza mala; es decir, no venden ninguna
cerveza que a ellos les parezca mala. Y que eso es lo lógico, ¿no?
Simpatizo con el planteamiento, porque
me sugiere inquietud, inconformismo, honestidad y compromiso, pero… no, no me parece lógico.
Para empezar, porque vería reducida mi oferta a un tercio.
Quizá mi colega se refería a
unos mínimos, a una mínima calidad exigible, a no vender una auténtica mierda
pinchada en un palo con vomitada podrida por encima y refregados unos pies llenos de
hongos y pelotillas negras de entrededos, postura que podría compartir con algunas
reservas. Por eso, porque igual se refería a unos mínimos, quisiera alejar el debate de la anécdota que me lo inspiró.
El caso es que yo creo que:
Yo* no soy quien debe decidir y
determinar qué cerveza es buena y qué cerveza es mala, faltaría más, con el
trabajo que tengo. Yo no soy más que un mero expendedor, no soy un prescriptor,
salvo que se me solicite ese servicio expresamente, y entonces me lo cobro
aparte (tú sabes que nos
encanta que nos preguntes, que lo hacemos gustosamente y con la mayor franqueza con independencia de simpatías e intereses).
Decidir qué vendo y qué no en
función de mi valoración personal es una forma de manipulación, de
administración tendenciosa (despojemos las palabras de sus connotaciones negativas).
Es el cliente quien tiene que decidir qué compra y qué no, que a veces tiene que ver con qué le gusta y qué no le gusta; y luego, si tiene
ganas de marcha y mucho tiempo libre para filosofar, resolverá qué es bueno y
qué es malo; y luego, si le pica el cojón izquierdo o el derecho o ambos a la
vez, repetirá o no repetirá de tal o cual cerveza. Y el productor, tanto el bueno como el malo,
tiene derecho a acceder a los cauces de comercialización y ponerse en la
palestra para ser juzgado por el público consumidor. Y el mercado regulará y
aplicará su ley. Además, seamos francos, es obvio que el contenido de la
botella supone menos de la mitad de las razones de una compra y que una buena cerveza no es necesariamente un buen producto y viceversa. Cuestiones
sentimentales, el nombre, “es de mi pueblo”, identificación, valores asociados,
valores adheridos… (Me gustaría desarrollar esa cuestión de los valores adheridos
y asociados y demás… a ver si saco tiempo y lo hago aquí o en Bar&Beer.) En
definitiva, incluso con sabores similares, los productos pueden ser bien
diferentes, y unos se venden mejor que otros. Es decir, la calidad, aunque muy
importante, no es lo único importante, ni siquiera lo más importante. (Baste un
ejemplo, aunque podría enumerar hasta aburrir: Duff.)
Por supuesto, no me estoy refiriendo a cervezas en mal estado, no hablo de cervezas que ESTÁN malas, sino de cervezas que SON malas, es decir, hablo de cervezas que presentan las mismas propiedades y características con las que el productor las concibió.
Luego está el problema
conceptual de la dicotomía bueno/malo. ¿Tú lo tienes claro? Yo no.
¿A partir de dónde y cuánto una
cerveza deja de ser buena o mala y pasa a ser mala o buena? ¿Renunciamos a los
matices? ¿Vendemos sólo las muy buenas o con que sean algo buenas ya es
suficiente? ¿Y dónde quedan los defectos? ¿Y los defectos puntuales de un lote
en concreto? ¿Y la gracia particular de una mala cerveza?
Para empezar, por mor de la
justicia y para evitar las arbitrariedades, tendríamos que acordar y consensuar
qué es una cerveza buena y qué una mala, ¿no?, y estamos muy lejos de ponernos
de acuerdo.
¿Es que los libreros venden sólo
los libros que consideran buenos? Tendrían que leer todo lo que se publica y, por extensión, yo tendría que probar todas las cervezas, y repetir con cada lote, algo que no me permiten ni me cerebro ni mi
bolsillo ni mi salud. Habrá algún librero que lo haga, y me parece admirable, pero será por convicción, no por definición de su profesión. Ión.
Otra cosa es que hagas de la
calidad tu línea de negocio, tu principio distintivo, tu oferta, lo mismo que puede serlo
la especialización en tal o cual tipo de producto: sólo cervezas rubias, sólo
cervezas inglesas o cervezas de aquí, sólo cervezas exóticas, sólo cervezas
ecológicas, sólo Km 0, sólo cervezas sin gluten, sin alcohol, de frutas… Sólo cervezas BUENAS: TODAS las cervezas de
tu establecimiento SON buenas, garantizado, aunque el concepto sea todavía muy vago y equívoco. Desde luego, parece
atractivo. Este podría ser tu rótulo: AQUÍ SÓLO SE VENDEN CERVEZAS QUE A MÍ ME PARECEN BUENAS.
Lo llevamos a extremo, ¿vale?
Imagínate: Vas a una tienda en la que los productos pasan una criba del gusto
y/o de la apreciación particular de una persona, en este caso, el propietario. ¿De verdad es atractivo?
Obligación, responsabilidad… Yo quiero vender cervezas buenas, las mejores, pero no lo acepto como principio general de obligada aplicación.
Y, oye, cuánto apetece a veces
una buena cerveza mala.
Yo: Representación y personalización de cualquier vendedor de cervezas.