miércoles, 23 de mayo de 2012

LOS MALOS DE LA PELÍCULA


Se nos ha denigrado desde antes de que a Jesucristo se le fuera la olla, entrara en el Templo y echara a los comerciantes al grito de “ladrones", así que ese episodio del Nuevo Testamento poco tiene que ver. Además, aunque así nos hayan contado esa historia y yo no estaba allí para verlo, por lo que sé de Jesucristo, dudo que ocurriera exactamente de ese modo. 
Jesucristo tenía manía a los malos.Y nosotros, los comerciantes, no somos malos por definición.

El intermediario no es un jeta que encarece el producto por la cara, como si se tratara de un arancel o tributo. El intermediario es un tipo que permite que, en este caso, la cerveza artesana llegue en buen estado donde tú estás a un precio razonable.

miércoles, 9 de mayo de 2012

A MENUDO VEO CRÍTICOS DE ARTE o EL MUSEO NICASSO o EL OJO CRÍTICO

Que alguien mire las cervezas como quien evalúa un mal cuadro te indica, infaliblemente, cuatro cosas:
-que no tiene ni idea,
-que quiere "algo" para regalar,
-que te va a dar la mañana,

-y que acabará llevándose un pack de Duvel.

Nada le va a parecer bien. Todo será demasiado caro o demasiado barato, demasiado oscuro o demasiado claro, demasiado fuerte o demasiado suave, demasiado normal o demasiado raro, demasiado algo o demasiado lo contrario... Y, en definitiva, nada de lo que tengo en la tienda combinará bien con la lámpara, y, claro, no va a cambiar la lámpara. Qué más da lo que haya dentro de la botella...
"Ah, pero... ¿es cerveza?"

miércoles, 2 de mayo de 2012

YO VENDO CERVEZAS MALAS


Durante una peculiar mesa redonda (no hubo mesa, hubo corro de sillas) en la que participamos durante el Barcelona Beer Festival, se trataron muchos asuntos, algunos muy interesantes, otros no tanto, concernientes y relacionados con el mercado español de cerveza artesana. Analizamos la situación actual con ánimo de diagnóstico y tratamiento, y con propósito de enmienda, de ser necesarios. Igual estabas allí.
Yo me quedé con ganas de más, no sé tú. Quizá éramos demasiados y nos costó entrar en materia y ponernos de acuerdo y consensuar algunos conceptos y, cuando empezábamos a hincar el diente en blando, se dio por acabada la sesión. Una pena.
El caso es que, casi sin querer y sin el menor desarrollo, se aludió a una cuestión que quiero exponer aquí, por conocer tu opinión, que tienes perspectiva e intereses distintos a los míos.
Durante el corro de sillas, nadie opuso argumento alguno, así que entiendo que todos los allí presentes estaban de acuerdo; ni siquiera yo, replicona impenitente, puse objeción, quizá porque a priori parece sensato… pero deja de parecerlo a poco que profundicemos… creo.   
Te cuento:
Durante la charla, un colega del sector aludió a una pretendida o supuesta o posible responsabilidad del vendedor: Él no vende cervezas malas, es decir, se niega a comercializar cervezas que a él parecen malas. Y añadió que esa era su obligación, ¿no?, que funcionaba así, que una tienda de cervezas no debe vender cervezas malas.

En esta línea, hace un tiempo una amiga (alguna me queda) me habló de unos amigos suyos que regentan una tienda de cerveza en Italia, o quizá me habló de la tienda de cerveza que regentan en Italia unos amigos suyos, o de las cervezas de la tienda que unos amigos suyos regentan en Italia… la verdad es que no recuerdo el motivo de la conversación, sólo la anécdota: sus amigos son muy exigentes en la selección de su oferta y no venden ninguna cerveza mala; es decir, no venden ninguna cerveza que a ellos les parezca mala. Y que eso es lo lógico, ¿no?

Simpatizo con el planteamiento, porque me sugiere inquietud, inconformismo, honestidad y compromiso, pero…  no, no me parece lógico. 
Para empezar, porque vería reducida mi oferta a un tercio.
Quizá mi colega se refería a unos mínimos, a una mínima calidad exigible, a no vender una auténtica mierda pinchada en un palo con vomitada podrida por encima y refregados unos pies llenos de hongos y pelotillas negras de entrededos, postura que podría compartir con algunas reservas. Por eso, porque igual se refería a unos mínimos, quisiera alejar el debate de la anécdota que me lo inspiró.

El caso es que yo creo que:
Yo* no soy quien debe decidir y determinar qué cerveza es buena y qué cerveza es mala, faltaría más, con el trabajo que tengo. Yo no soy más que un mero expendedor, no soy un prescriptor, salvo que se me solicite ese servicio expresamente, y entonces me lo cobro aparte (tú sabes que nos encanta que nos preguntes, que lo hacemos gustosamente y con la mayor franqueza con independencia de simpatías e intereses). 
Decidir qué vendo y qué no en función de mi valoración personal es una forma de manipulación, de administración tendenciosa (despojemos las palabras de sus connotaciones negativas). Es el cliente quien tiene que decidir qué compra y qué no, que a veces tiene que ver con qué le gusta y qué no le gusta; y luego, si tiene ganas de marcha y mucho tiempo libre para filosofar, resolverá qué es bueno y qué es malo; y luego, si le pica el cojón izquierdo o el derecho o ambos a la vez, repetirá o no repetirá de tal o cual cerveza. Y el productor, tanto el bueno como el malo, tiene derecho a acceder a los cauces de comercialización y ponerse en la palestra para ser juzgado por el público consumidor. Y el mercado regulará y aplicará su ley. Además, seamos francos, es obvio que el contenido de la botella supone menos de la mitad de las razones de una compra y que una buena cerveza no es necesariamente un buen producto y viceversa. Cuestiones sentimentales, el nombre, “es de mi pueblo”, identificación, valores asociados, valores adheridos… (Me gustaría desarrollar esa cuestión de los valores adheridos y asociados y demás… a ver si saco tiempo y lo hago aquí o en Bar&Beer.) En definitiva, incluso con sabores similares, los productos pueden ser bien diferentes, y unos se venden mejor que otros. Es decir, la calidad, aunque muy importante, no es lo único importante, ni siquiera lo más importante. (Baste un ejemplo, aunque podría enumerar hasta aburrir: Duff.)

Por supuesto, no me estoy refiriendo a cervezas en mal estado, no hablo de cervezas que ESTÁN malas, sino de cervezas que SON malas, es decir, hablo de cervezas que presentan las mismas propiedades y características con las que el productor las concibió.

Luego está el problema conceptual de la dicotomía bueno/malo. ¿Tú lo tienes claro? Yo no.
¿A partir de dónde y cuánto una cerveza deja de ser buena o mala y pasa a ser mala o buena? ¿Renunciamos a los matices? ¿Vendemos sólo las muy buenas o con que sean algo buenas ya es suficiente? ¿Y dónde quedan los defectos? ¿Y los defectos puntuales de un lote en concreto? ¿Y la gracia particular de una mala cerveza?
Para empezar, por mor de la justicia y para evitar las arbitrariedades, tendríamos que acordar y consensuar qué es una cerveza buena y qué una mala, ¿no?, y estamos muy lejos de ponernos de acuerdo.
¿Es que los libreros venden sólo los libros que consideran buenos? Tendrían que leer todo lo que se publica y, por extensión, yo tendría que probar todas las cervezas, y repetir con cada lote, algo que no me permiten ni me cerebro ni mi bolsillo ni mi salud. Habrá algún librero que lo haga, y me parece admirable, pero será por convicción, no por definición de su profesión. Ión.

Otra cosa es que hagas de la calidad tu línea de negocio, tu principio distintivo, tu oferta, lo mismo que puede serlo la especialización en tal o cual tipo de producto: sólo cervezas rubias, sólo cervezas inglesas o cervezas de aquí, sólo cervezas exóticas, sólo cervezas ecológicas, sólo Km 0, sólo cervezas sin gluten, sin alcohol, de frutas…  Sólo cervezas BUENAS: TODAS las cervezas de tu establecimiento SON buenas, garantizado, aunque el concepto sea  todavía muy vago y equívoco. Desde luego, parece atractivo. Este podría ser tu rótulo: AQUÍ SÓLO SE VENDEN CERVEZAS QUE A MÍ ME PARECEN BUENAS
Lo llevamos a extremo, ¿vale? 
Imagínate: Vas a una tienda en la que los productos pasan una criba del gusto y/o de la apreciación particular de una persona, en este caso, el propietario. ¿De verdad es atractivo? 
Obligación, responsabilidad… Yo quiero vender cervezas buenas, las mejores, pero no lo acepto como principio general de obligada aplicación.
Y, oye, cuánto apetece a veces una buena cerveza mala.

* * *

Yo: Representación y personalización de cualquier vendedor de cervezas.

martes, 10 de abril de 2012

EL OÍDO DEL CULO o LÓBULO, PLANTA TREPADORA o APRENDIZ DE MUCHO


Viernes. Establecimiento cervecero ajeno. Nos estamos tomando unas cervezas quetecagas con el dueño.
Se abre la puerta…
-Vengo aquí con mis colegas porque tenéis miles de cervezas… ya les digo yo… vamos ahí que tienen miles de cervezas… y yo soy algo entendido, ¿sabes?, en cerveza… y les he dicho que vengamos aquí, que tenéis La Negra, La Fuerte, La Otra y La Otramás…

Por el local se extienda un intenso aroma a Perlita.
(Coooo-neeeeeeec-tamos!!)
El dueño, amigo nuestro, responde:
-… …. …… . .. … ….. . …… ……. …. ……….. ……. (Qué más da lo que dijera...)
-¿Tienes zuritos? Sí, zuritos, vasitos de esos pequeños… Ponnos cuatro zuritos… de la… “normal”… 
-…. … . .. .… …. . …… …
-Pues de la más rubia que tengas, que no quiero asustarles pa ser la primera vez que beben una cerveza que no es Estrella…
-… …… …..
-Y ya les digo yo que es una cerveza checoslovaca, una rubia… con mucha espuma… -dice el "entendido" tras un rápido análisis visual.
-… …… … …..
-Sí, es un poco dulce, les estoy explicando que esta cerveza es un poco dulce porque lleva mucho lóbulo…
-……
-Sí, lóbulo…
-……
-Sí, lóbulo…
-¡……! ¡……!
-¿Cómo? ¿Lóbulo? Sí, lóbulo, lóbulo…
-¡……! ¡……! ¡¡..-..-..!!
-Sí, pues eso, lóbulo, que les explico eso, que el lóbulo es lo que le quita el amargor a la cerveza, que si no tuviera lóbulo sería mucho más amarga…

Y quizá no sería una oreja. 


A ver si estás más PENDIENTE.

viernes, 6 de abril de 2012

PERLITA o SI NERÓN LEVANTARA LA CABEZA o PROHIBIDO ORINAR EN LA DOMUS AUREA o ¡MIRA QUE PONERLE EL MISMO NOMBRE!


Domingo. Calçotada: Amigos, birras, sol (muchas pecas) y calçots. Bueno, y calamares en salsa americana, queso cortadito en tacos, cocktail de encurtidos (qué nombre más in para un montón de aceitunas mezcladas y pepinillos), patas al caliu, alcachofas, calabacín, pimiento... brazos de gitano de varios sabores, café... 
Ellos ponían los calçots, yo las birras y el pan de mi amigo Juanjo. El resto apareció ahí.

Los amigos mariposeando por los alrededores de la nevera playera (o termonevera sin grifo ni filtro ni bujero) con el abridor en la mano.
-A ver qué cervezas nos has traído hoy…
-A ver qué cervezas nos has traído hoy…
-A ver qué cervezas nos has traído hoy…
-A ver qué cervezas nos has traído hoy…
-Ya veréis qué buenas.
-A mí me gustan esas que tienen sabor a…. a…
¿?
-Sí, hombre, que llevan una cosa que se llama…
-¿Con frutas y eso?
-No, no… eso que llevan que tiene un sabor como…como a... sí, joder, como si fuera... a marihuana, ¡coño!
-¡Ah, lúpulo!, lo que te gusta es el sabor a lúpulo...

En ese momento saco una Domus Aurea de la nevera de chino latero y la pongo encima de la mesa.
Mi amiga se queda muy seria. Mira la etiqueta fijamente. Me mira a mí. Vuelve a mirar la etiqueta.
-Yo no quiero.
Y los músculos de su cara poco a poco construyen un asco profundo.
-¿Qué pasa? –le pregunto.
-Nada, pero de esa no quiero.
-Pero, ¿por qué?
-Si te gustó mucho la otra vez –insisto yo.
-¿Domus Aurea? ¿Eso no es lo del pis?
-No, mujer, eso es la urea.
-Ah, vale, entonces sí quiero.

viernes, 16 de marzo de 2012

BBF, BARCELONA BEER FESTIVAL, UN HORROR

A qué mentir: a mí no me gusta ese tipo de acontecimientos porque no me gustan las condensaciones humanas ni los calores de las apreturas ni las conversaciones banales ni los encuentros fortuitos que obligan al intercambio de frases triviales ni las fiestas del beber por beber ni el humo de los porros ni ver a la gente divertirse, es decir, soy una rancia. Y soy consciente y asumo que soy una rancia y que todo esto es una cuestión personal claramente subjetiva, y acepto y entiendo que hay quien ve la vida de otro modo y, por ende, es más feliz. De hecho, si todo el mundo viera las cosas como yo, no existiría el fútbol ni la Navidad ni las Festes de Gràcia ni las rebajas de enero ni los carné VIP ni la prensa deportiva ni el Ejército ni las palmaditas en la espalda ni la misa de 12 ni el Dia de Sant Jordi ni las vacaciones en Benidorm ni la prensa de corazón ni los restaurantes caros ni el esmalte de uñas ni la Monarquía ni los biplazas descapotables ni los yogures de limón las bodas ni la operación salida ni las asociaciones culturales ni Andorra ni los complejos residenciales ni el Islam ni los macroconciertos ni La Molina en invierno ni la ropa de vestir ni los centros comerciales ni el espíritu navideño ni les Festes de la Mercé ni la Iglesia Católica ni las peluquerías ni los mercadillos ambulantes ni las apologías de la estupidez aunque sí los tratados sobre ella ni el buen rollo ni las zonas de copas ni la música fuerte ni los fans ni la Sagrada Familia ni la playa en verano ni los transportes públicos ni las organizaciones sin ánimo de lucro ni las galerías de arte ni se organizarían eventos como el BBF.

Un adulto sano intelectualmente debería saber y querer, sobre todo querer, sustraerse de las subjetividades a la hora de abordar un juicio. Pocas cosas son tan placenteras como saberse capaz de una crítica objetiva. Que a mí no me gusten esos saraos no debería impedirme apreciar los méritos y deméritos en su justa medida.
Días antes de su celebración, leí por ahí, en algún blog, que el BBF era un horror organizativo, que se había hecho todo mal, y que quienes habían invertido pasta, uséase dinero, echaban la vista al cielo orando y pendientes de la meteorología, horripilados por las grandes pérdidas previstas. Una hecatombe económica, vamos. Semejante desastre organizativo se resumía así: una idea brillante mal ejecutada.
No sé qué perspectiva tenía quien escribió dicho artículo, desde luego no la misma que yo, puesto que la visión ha sido muy distinta. ¿Fallos organizativos? Precisamente la sensación que han transmitido los responsables en todo momento es la opuesta. 
Felicidades.
Pero, sí, debe admitirse que se cometieron errores organizativos de bulto: el recinto se quedó pequeño; la fuente en la que se aclaraba el vaso entre consumiciones se estropeó; el bar se desabasteció de comida; se quedaron cortos de cerveza; los paneles informativos no se actualizaban al ritmo de los barriles; aparecieron los Mossos*… es decir, todos los errores derivados de un éxito sin precedentes, un éxito imprevisible.
Errores, sí, pero errores felices. 
Para tomar la medida a este traje era necesario ponérselo… y equivocarse.
El año que viene el BBF será casi perfecto, en esto consiste el aprendizaje.
Sería perfecto del todo si fuera barra libre a cuenta de la Organización y estuviera yo sola, pero no caerá esa breva, supongo.

Me gustó casi todo lo que encontré en el BBF. Habría preferido más propuestas nacionales, pero seguramente había más que suficientes y soy yo, que soy una picajosa, además de rancia.
Tampoco comparto una afirmación de la organización que leí la verdad es que no recuerdo dónde: el BBF quería homenajear a Steve Huxley porque este país le debe a él la cerveza artesana.
Cuando una idea se acepta sólo porque quien la afirma es una autoridad reconocida en la materia se llama argumento de autoridad. La educación escolástica hace el resto: nada se discute.  Algunas ideas se acaban aceptando sólo porque nadie ha opuesto disconformidad nunca y al final les salen patas y echan a correr por ellas mismas.
No quiero restarle méritos a quien los tenga, sencillamente creo este país debe la cerveza artesana, no la bebida alimenticia “inventada” por los sumerios, sino el “movimiento”, la “industria” y el jombriuri a la globalización. La afición a la cerveza artesana ha llegado de otros países gracias al billete loucost, a Internet, a la tele… es decir, al flujo y reflujo incesante y vertiginoso de información, como todas las tendencias, modas y aficiones. Italia no le debe sus 400 birrificios surgidos en la última década a Steve, ni tampoco las cerveceras “independientes” yanquis le deben su 10% de cuota de mercado.¿No es más lógico que sea un simple contagio cultural por contacto?

El primero simplemente va delante, no tiene por qué ir tirando.

No cuestiono ni la persona ni la figura ni el personaje, si lo hay, de Steve, ni siquiera al cervecero, ni su trayectoria profesional, y es cierto que ha enseñado mucho a mucha gente y que su libro es maravilloso, sin embargo, muchísimos cerveceros de este país ni siquiera saben quién es y algunos de ellos hacen cerveza desde hace un huevo o cojón de años.

A mí Steve me cae muy bien, ¿y a quién no?, y nuestra relación es sinceramente cordial, y no quisiera que esta opinión fuera óbice para que siguiera así.
Pero a lo que íbamos…
Afirmar hoy que el BBF ha sido un desastre a nivel organizativo me parece una estupidez, pero afirmarlo antes de su celebración me parece harto sospechoso, aunque no sé de qué, pero sospechoso.

Que a mí no me gusta ese tipo de acontecimientos porque no me gustan las condensaciones humanas ni los calores de las apreturas ni las conversaciones banales ni los encuentros fortuitos que obligan al intercambio de frases triviales ni las fiestas del beber por beber ni el humo de los porros ni ver a la gente divertirse, ya lo dije antes. Sin embargo, el domingo por la tarde lo pasé de puta madre. Disfruté como una tocina en una charca en la reunión, pese a que me dejaron a medias porque acabó cuando empezaba lo bueno y en la que eché en falta la presencia y la implicación de muchos supuestos interesados. Coincidí con colegas del sector, con clientes, con cerveceros…y me di cuenta de que muchos de ellos pertenecen ya a otra categoría: amigos. Cuando pasan estas cosas, tu medio de vida deja de ser trabajo y mola.
* * *

* Sí, los antidisturbios. Supongo que, como ese fin de semana no había manifestaciones convocadas, al ver tanto jipi junto, se presentaron con la sana intención de mantener el tono muscular y el imprescindible estado de alerta. Por suerte no encontraron excusa y se limitaron a disolver la “peligrosa” y “amenazadora” cola.


* * *

Si yo fuera capaz de montar un sarao como el del BBF, me conformaría con hacerlo una cuarta parte de la mitad de la décima parte de bien.

jueves, 1 de marzo de 2012

OÍDO HOY o ¡NOS VAMOS DE FIESTA!

Presentación de La Cibeles, cada uno con su copa colmadita de la última de las cervezas catadas.
-¿Y qué? ¿Os gusta esta? ¿Qué os parece? -dice David.
La gente olisquea, paladea...
-¿Y qué es? -pregunta uno.
-Una Barley Wine.
-¿Cuántos grados tiene esta? -pregunta otro.
-9.

-uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuUUuuuUUUUUUUUUUUuuuuuuuuuuuh!!!! (*)
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(*) Ahora entiendo tanta felicidad....