martes, 28 de febrero de 2012

LA CERVEZA ARTESANA EN BAR&BEER

Si empezara hoy el blog, haría las cosas muy distintas. Sí. Pero no sería mucho más lista. No.
No haría mucho la pelota. No diría siempre aquello que se espera de mí: Todo es guay, todo es chachi, todo mola. Seguramente lo diría sólo cuando de verdad me lo pareciera. 
No daría muchas palmaditas virtuales en la espalda. Ya sabes: no sería del jiji ni del jojo ni del juju ni del palito ni del rollito guay. Es que no me va todo eso y no sabría hacerlo ni aun proponiéndomelo.
Tampoco escribiría con faltas, aunque eso siempre cae en gracia.
Lo de ser mujer y tortillera no depende de mi voluntad, así que no es revisable. En ese sentido, no habría cambios.
Si empezara ahora el blog, no tendría muchos más amigos de los que tengo, esos amigos flotantes de 3era regional que no me interesan, tampoco tendría muchos menos enemigos, ni los que tengo estarían armados de menos pretextos e inquina: los enemigos son así.
Si empezara hoy el blog, todo el mundo no hablaría bien de mí ni me invitarían a todos los cumpleaños aunque nadie supiera mi nombre, sólo porque vendo cerveza. Es decir no cambiaría algo de servidumbre por cierto bienestar social.
Jiji, jojo, juju.
Sin embargo, pese a que no haría nada contrario a mi temperamento, lo que tampoco haría sería comprometerme con causas, reivindicaciones, posturas u opiniones impopulares, por justas o sensatas que me parezcan, porque no tengo ni la sangre fría ni sentido del heroísmo. Francamente, la cerveza no me merece estos sofocones.
Bitácoras de visitas a cervecerías, a cerveceras, con notas de cata y valoraciones (siempre positivas si se trata de producto nacional, no vayamos a hacer enfadar a alguien), crónicas sobre ferias nacionales (siempre positivas, no vayamos a hacer enfadar a alguien) está la red llena… 
En realidad, con perspectiva de tiempo, me doy cuenta de que yo no tengo nada que decir porque no tengo nada que aportar. 
Por tanto, si empezara hoy el blog, seguramente no lo empezaría.


* * *

A finales del año pasado, algunas “movidas”, gestionadas al margen y en privado, llegaron a hacer mella: a punto estuve de creer que el blog es perjudicial, que yo soy dañina y muy mala, que estoy loca, chiflada, paranoica y que no sé ni lo que me digo…Como lógica consecuencia (me jacto de ser una persona consecuente), pensé en dejarlo, lamerme las heridas y olvidarme del asunto.

El balance no es positivo, no. Pese a que las alegrías se imponen holgadamente por número y calidad, las penas se imponen por peso, porque soy bastante impresionable. Quizá debería darme vergüenza decirlo pero no es así, qué le voy a hacer.

Así que la propuesta de Alberto llegó en un momento crucial: Me debatía entre seguir o no con el blog, de ahí un silencio de más de un mes.

Y pese a que alguien, ajeno e ignorante a mis vacilaciones, aprovecha que no nos oye nadie para decirme que le encanta lo que digo, coincidiendo con que varias personas, por distintos medios y en diferentes circunstancias, me dicen que son seguidores del blog, que qué bueno lo que hacemos, etc., y pese a que otro día alguien advierte una relación directa entre ciertos debates nacidos en el blog y la mejora generalizada del “escenario” (yo también creo que existe esa relación), “que ya era hora de que se dijeran ciertas cosas”, cosas que no necesariamente he dicho yo, que aquí puede leerse el parecer de mucha gente, y pese a numerosos y diferentes requerimientos de post, requerimientos a los que opongo un exceso de trabajo, que es real, pero no tan determinante, y pese a que algunos elaboradores toman decisiones influidos por conclusiones extraídas del blog y en conversaciones con nosotras, lo cual supone un chute total de energía positiva, y pese a que en el platillo de los pros pongo también que aprendo un huevo y que he conocido a gente interesantísima que han continuado en privado conversaciones iniciadas en él, y pese a que me consta que lo lee mucha gente, que son miles las entradas mensuales, y que mucha es la gente que en un momento u otro, mientras compra una cerveza, así como quien no quiere la cosa, sin aparente vínculo previo, hace alusión a algún tema tratado en el blog, como un guiño, con la complicidad de quien comparte contigo un secreto, casi un affaire, y observa mi reacción con el rabillo de ojo, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc… es la propuesta de Alberto lo que inclina definitivamente la balanza hacia… la continuidad del blog.  
“Pues será que no he hecho nada tan malo”, me digo. Porque es en serio que durante un tiempo no lo he tenido demasiado claro.
Y lo retomo con voluntades renovadas y brío, y sobre todo con más ganas, si cabe, de construir.
¿Que a qué viene todo esto? Me apetecía decirlo, no hay más.

* * *

Con su propuesta, la de Alberto, llegaron adjuntas dos informaciones que me sorprendieron mucho:
Una era que él seguía este blog, y además pude constatar que casi de forma atenta y concienzuda.
La otra era que mucha gente nos creía enemigos. Enemigos a raíz de dos opiniones en este blog sobre artículos publicados en Bar&Beer. Se trataban de opiniones concretas sobre dos opiniones concretas de un colaborador concreto, es decir, algo muy puntual, no una enmienda a la totalidad. Una reconvención sobre un trabajo que, además de respetar (ese es el mínimo exigible) siempre he valorado muy positivamente.
Sólo la malaintención puede ver (o fingir que ve) en aquella circunstancia motivos o justificación de una enemistad entre Alberto y yo. Sólo un mediocre(*) puede extraer beneficio de la enemistad de terceros. 

Pero a lo que íbamos…
Si se me invita a opinar, y Alberto lo ha hecho (¡y pagándome!, lo cual convierte un placer en casi un oficio; y a mí, en casi una profesional), supongo un deseo de oír mis opiniones sobre, al menos, un tema concreto. Yo no soy una autoridad en ninguna materia, soy, como mucho, una experta en alguna (la experiencia no tiene más mérito ni reconocimiento ni valor que la permanencia), así que él sabrá por qué quiere oír y hacer oír mi opinión. Y también sabrá que no voy a limitarme a decir sólo cosas agradables o compartidas por los lectores de Bar&Beer.
Mi participación y la de otros "nuevos" en Bar&Beer forma parte de un plan renovador del magazine, un propósito de reorientación. Y no es que estuviera mal orientado o perdido o confuso, es que iba en otra dirección. Bar&Beer pretende más implicación con esto del “movimiento cervecero”, conectar más y mejor con los actores y espectadores de la escena. Qué ha inspirado ese cambio a los responsables, es algo que desconozco. Supongo que la evidencia: el monstruito está creciendo y necesita cada vez más espacio y reclama atenciones, adhesiones y afición.
Quienes vivimos por/para/de la cerveza artesana podemos aprovecharnos y extraer pingües beneficios de esto. Podemos convertir la publicación, disimuladamente, como quien no quiere la cosa, en un elemento aglutinador y, sobre todo, en un órgano de comunicación, de difusión de esa tan traída y llevada y tan indefinida “cultura cervecera”. Bar&Beer llega a mucha gente y, además, llega a mucha gente que no lee estos blogs ni consume las cervezas de las que hablamos aquí.
He decidido transformar la coyuntura en oportunidad y me he autoimpuesto una tarea, modesta, porque mis capacidades también lo son: facilitar esa transformación en la medida de mis posibilidades, que no son muchas pero algo se notará.

Alberto Benavidades, director de la publicación, decía en un número anterior para justificar la escasa atención que el magazine ha prestado hasta ahora al sector: “Debo confesar que tengo serias dudas al respecto. Aun interesándome mucho, creo que la escena española camina en muchos aspectos por aguas pantanosas. Su concepción como negocio recuerda mucho al fallido inicio americano de principios de los ochenta, en el que la calidad era irregular, el mercado no pudo absorber tanto producto y no existía un canal de distribución para él.”
Y yo le entiendo perfectamente y comprendo los motivos que le han llevado a afirmar algo así, por eso, lo primero que me propongo no es que cambie de opinión, porque razón no le falta y eso es obvio, sino que, pese a los pesares, se entusiasme casi tanto como yo.

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(*) Sólo un mediocre puede ser malintencionado.
Los mediocres son peores que los tontos, y también son peores que los malos. El motivo es que los mediocres son tontos y malos a un tiempo. 
Los mediocres son dañinos y suelen obrar con mala intención. 
Constitutiva de su naturaleza mediocre es su incapacidad de aceptar que alguien haga las cosas mejor que ellos, porque carecen de la fantasía necesaria para imaginar maneras mejores de hacer las cosas. Entonces, si alguien obtiene mejores resultados o simplemente es más feliz, tiene que hacer trampas o haber truco. Eso no los hace malos y dignos de repulsa, los hace simplemente mediocres y acreedores de lástima y no supondría un problema, ni siquiera un inconveniente, si se conformaran con eso.
Pero no.
Otro rasgo generalizado entre los mediocres es su obsesiva dedicación a la intriga. Trapichean con pequeñas y, en apariencia, insignificantes falacias, en una denigrante estafa al menudeo, para arrojar sospechas o mierda directamente sobre los que consideran adversarios suyos.
Los mediocres tienen una enorme habilidad para crear ficciones, porque las necesitan para justificar algunas de sus intrigas, que es lo que da sentido a su existencia. Por eso, de algo son capaces como nadie los mediocres: fabular. Esas ficciones, verdaderos arte-factos, son prodigios de la ingeniería intelectual, obras maestras de la retórica y la demagogia, con tal admirable apariencia de realidad, que resultan totalmente verosímiles. Es muy difícil defenderse de estas acrobacias lógicas precisamente por carecer de asideros reales.
Además, los mediocres no saben que son mediocres, lo cual prueba y causa su mediocridad.
Hay algo intensamente irritante en los mediocres: las babas. Pero de ese tema hablaremos en otra ocasión.

martes, 21 de febrero de 2012

martes, 7 de febrero de 2012

EL EJE ALCORCÓN-MOLINS o DAVID SE NOS DESMELENA

Me cuesta imaginar a los Zulogaarden haciendo chorizos o aceitadas, la verdad.

En Madrid hay mucho imbécil que no quiere cerveza catalana y en Catalunya hay mucho imbécil que no quiere cerveza “de fuera”; de Bélgica, Alemania, Inglaterra o Italia, sí, que eso no es tan “fuera”, pero de Madrid, Toledo o Galicia, no.
Y así se lo dije a David, para que no se hiciera muchas ilusiones con las ventas de La Cibeles en 2D2Dspuma. Y no le sorprendió porque él también conoce a mucho imbécil.
“Suerte tendremos si no nos rompen los cristales, que en mi barrio hay mucho cafre”. De momento hemos tenido suerte.

A priori y de lejos, de David, lo que más llama la atención es su corpulencia. Es muy grande, no sé cuánto porque no he querido ser tan poco original de preguntarle la estatura, pero mucho.
Si uno se acerca un poco, su estatura pasa a ser secundaria y lo que sorprende es su afabilidad: te hace sentir como si fuerais amigos de años.
Si te acercas todavía un poco más, de repente, sin saber cómo, estás charlando sobre casi cualquier cosa, a la pata la llana, que dicen por ahí, a calzón quitao, que dicen por allá. Así es como lo sentí aquella tarde de domingo.
Un rasgo característico de David es su expresión de guasilla permanente. Pero es una pose. De eso te das cuenta cuando tienes la oportunidad de intimar algo con él. David es un tipo cachondo que se toma las cosas serias con humor, y se toma con gravedad otras que en apariencia no lo son tanto.
Pero sigamos con las superficialidades:
Seguidamente, lo que más llama la atención de David es que hace cerveza, y que la hace en Madrid, más concretamente en Alcorcón, que a mí es un nombre cuya fonética siempre me ha hecho mucha gracia. Al-cor-cón. Es decir, en mitad del secarral cervecil que es España, entre matojos y toros de Osborne, a 40º en verano. Y menuda fábrica se ha montado el tío. De lo mejor que he visto hasta ahora.
Y ya está ampliando porque no da abasto. Y entonces el Alcalde quiere hacerse fotos con él. Y entonces la Presidenta quiere hacerse fotos con él. Ahora todos son muy aficionados a las fotos, pero cuando David empezó, nadie tenía cámara de fotos, o algo así dijeron.
Sin embargo, resulta que lo que más atrae a los medios es que David dejó un alto cargo en una gran empresa de tecnología por o para hacer cerveza. Ya sabes, la versión brewer de El Monje que vendió su Ferrari para montarse una micro.
A mí la verdad es que eso no me excita tanto las fantasías como a los periodistas. Todos tenemos un pasado. Yo no siempre he vendido cervezas. Abandoné la que prometía ser una esplendorosa carrera como modelo de pasarela para vender cerveza artesana. Y como soy una extravagante, no me arrepiento.
A mí lo que me pone cachondas las neuronas es que La Cibeles abrió su fábrica hace menos de un año y ya tiene casi una decena de variedades en el mercado.
Y no, no es un simple cúmulo o fruto de su incontinencia empresarial. Las primeras fueron las lógicas: Una tostadita, una rubita, una negrita, una ipita… vaya, una gama de esas pensadas “para gustar a todo el mundo”; el resto vino de la experiencia y de su inquietud.
Recientemente ha lanzado una Imperial IPA que está teniendo muy buena acogida y nos prepara unas cuantas fricadas más.

Seguro que un chorizo triple tripa con extra de ajo y pimentón no me gusta tanto, así que menos mal que a David le dio por hacer cerveza.  

David es un tipo con esa clase de presencia que no proviene de la estatura, aunque en su caso, sean intrínsecos. Es de esos tipos que serían altos aunque fueran bajos, que se desenvuelve muy bien delante de las cámaras y los auditorios y que funciona mejor bajo presión. David es un entusiasta cerebral, que le echa un corazón y medio y un cerebro y medio a cada cosa que hace. Pero sobre todo David es un currante y un tipo honesto. Por eso celebro que David no se montara una fábrica de chorizos o de repostaría tradicional.
David elabora cerveza desde el 97. David es un “yo me lo guiso, yo me lo como”, a quien le va lo “hecho en casa”. Le gusta recobrar los métodos tradicionales que aprendió cuando era niño y ha tratado de transmitírselos a sus hijos: repostería tradicional, chorizos, salchichones, lomos, patés, licores de café, naranja, pacharanes… y cerveza. Empezó con extractos como casi todos. Y se enganchó. Y menos mal, porque si no, los Zulogaarden no habrían hecho una IIIPA con él y el mundo se vería privado de mucho Dolor.
Cuando se hartó de hacer sopas magi con el jarabito, se puso a hacer cerveza de verdad con grano y lúpulo. “Esto mola mucho más y está más güeno”. Le salieron amigos y primos segundos y terceros de todos los rincones. Perfeccionó los métodos y amplió las producciones, con ello ganó también más amigos.
Su amigo (pero amigo de verdad) Boris de Mesones, maestro cervecero (pero maestro cervecero de verdad), le dio el empujoncito final… hacia el abismo empresarial. Canalla (canalla de verdad).
Aunque no es dueño de su trabajo por completo porque tiene socios, David está acostumbrado a hacer más o menos lo que quiere, que suele ser lo que le da la gana, que suele ser lo que le dicta la conciencia, y eso da mucha tranquilidad, y se nota.

De los Zulogaarden no voy a hablar porque se me cae la baba y no queda fino, y porque es gente (o eso creo) que prefiere que no se hable de ellos por si se les pide opinión. No lo parecen pero son tímidos.
El caso es que los Zulogaarden y David han hecho una Triple IPA juntos, que está ya bajando de densidad y subiendo de alcohol y que me han dicho que estará de muerte, aunque sin especificar qué tipo de muerte. Por eso estoy poniendo velas a los santos, como agradecimiento porque a David le dio por dedicarse a hacer cerveza y no tocinillos de cielo o salchichones (se le puede ver ja ja ja de esa guisa en su feisbu ja ja ja).

Esto de las colaboraciones va a dar que hablar y yo me lo voy a pasar pipa. Jojojojo...