Con "cerveza artesana", me referiré a cerveza artesana “de aquí” entendida en el contexto cervecero “de aquí”, que es el que conozco, ¿vale?
No me meto con nadie, sólo comparto cómo veo las cosas desde detrás del PC, en segunda fila, así que no quiero ostias, ¿vale?
Que puedo estar equivocada, por supuesto, o tú no estar de acuerdo, pero desde luego no digo disparates, ¿vale?
Y que a mí, ni me va ni me viene, que si no vendo una, vendo otra, ¿vale?
Por otro lado, aunque en consonancia con lo que expongo a continuación, diré que creo que lo mejor que le puede ocurrir a la cerveza artesana es que sea despojada de todas las eróticas, poesías, romanticismos, pamplinas y mandangas que no hacen más que lastrarla y enredársele en las piernas, y se vista de pragmatismo, es decir, que se quede en cueros, con sus vergüenzas al aire. Nada es tan perjudicial y empachoso como la falsa mística.
Replicar 3.726.394 veces la misma receta, cargar sacos de malta, dar manguerazos, frotar con sosa, retirar bagazo, pagar facturas, etc., tiene de poesía lo que yo de símbolo sexual.
Por eso los cerveceros artesanos tienen todo mi respeto, admiración y apoyo.
Cada vez que un elaborador me presenta su nueva cerveza con la fórmula “una cerveza que guste a todo el mundo”, me echo a temblar. “Una cerveza fácil de beber, ¿sabes?”. Sí. Sé. Y, porque sé, temo. Temo, sí, lo cual no significa que no comprenda y no me haga cargo, ¿eh?
Montar una micro es difícil, arriesgado y costoso.
Detrás de casi todas las micros que abren sus puertas, hay un inversor particular semiarruinado (y, de conservarla, su pareja), con úlcera de estómago (también su pareja, de tenerla) y con unas prisas por vender a veces incomprendidas y a veces también un poco suicidas.
Cuando el cervecero pone la maquinaria en marcha, y ya mucho antes, dejando atrás angustiosos meses de trámites, pagos, concesiones, adelantos, gestiones, tasas, contrataciones, desembolsos, contradicciones, abonos, instalaciones, inversiones, excusas, pruebas, liquidaciones, pretextos, reclamaciones, impuestos, histerias, nuevos pagos, ñapas, nuevos desembolsos, intentos, nuevas liquidaciones, reparaciones, nuevas tasas, simulacros, nuevos abonos, apaños y ansiedad, mucha ansiedad, y muchísimos gastos, necesita imperiosa y acuciantemente (aparte de un buen psicólogo) tener ingresos.
Y lo apetecible y natural es que esos ingresos provengan de las ventas de producto, que para eso se ha montado la micro.
Para obtener tan codiciados ingresos, la estrategia más popular, y que a priori parece obvia, es tratar de vender muchos litros de cerveza. Para ello, también parece lógico intentar “llegar a mucha gente”(1), lo antes posible y con el menor gasto posible, para mayor beneficio.
Para ello, “llegar a mucha gente”, el cervecero lanza productos con el estilo y nivel medio que fija el mercado. Sólo así puede aspirar a ser del gusto de muchos. Lo contrario, es decir, cambiar el gusto de todos, si no inasequible, es muy arduo. (Hablando claro, intentarlo es de tontos. La Cocacola no cambió el gusto de todos: lo descubrió. Además, al ser un producto nuevo, no admitía comparaciones.)
Es decir, el cervecero artesano se somete voluntaria e interesadamente a lo que el amigo de alguien llama “dictadura del sabor” (2), la cual podría definirse explicándose así: en el oligopolio que es el mercado cervecero español, cuatro grandes cerveceras, supuestamente rivales, construyen e instituyen con costosísimas operaciones publicitarias las preferencias del mercado. Y hasta ahora, y por el común interés del G4, el estándar es cerveza lager rubia, cristalina, con bastante espuma poco duradera, y de sabor tan similar entre las distintas marcas que lo único que las diferencia son los valores asociados a cada una. Es decir, cerveza barata, de fácil y rápido consumo, vinculada a valores como el fútbol en general o los colores de un equipo concreto (Barça, Real Madrid, La Roja, El Betis…), la diversión (fiestas, barbacoas, vacaciones, conciertos…), la zona geográfica (el Mediterráneo, el Sur, Madrid…), la amistad… Es decir, no venden una cerveza, venden toda una línea de identidad socialmente exitosa.
Pero volviendo al hilo: algunos de quienes se deciden por esta línea de negocio, la de “tratar de llegar a mucha gente”, alegan que en España no hay “cultura cervecera” y que primero hay que educar al consumidor con cervezas “puente” para luego darle cerveza “buena”, cerveza “de verdad” (3). Y tienen razón, al menos yo creo que la tienen en, como poco, parte del enunciado: en España no hay cultura cervecera, sea “eso” lo que sea (carecemos también de otras "culturas" pero no nos ocupa ahora).
Esa fórmula, la de “llegar a mucha gente” con cervezas “normales” o “cervezas puente”, es decir, cervezas no muy alejadas de los productos dictados por la mencionada “dictadura del sabor”, parece ideal, sin embargo…
Elaborar cerveza es caro; elaborar cerveza a pequeña escala es muy caro. La cerveza artesana es más cara (4) que la industrial. Ocurre lo mismo con todo producto artesanal.
Por otro lado, el pequeño productor, por definición (5), no dispone de demasiados recursos económicos, y, por ello, tampoco técnicos ni infraestructurales; generalmente su producción y línea de distribución son irregulares, muy limitadas y sumamente condicionadas por su propia capacidad personal (6) y todo se apoya en un equilibrio casi de fantasía: si aumenta la demanda por una hábil gestión en la promoción, el reto es cubrir esa demanda sin menoscabo de la calidad; de incrementar la producción, quizá falte espacio o capacidad logística; una demanda repentina e inesperada puede llegar en un momento de desabastecimiento de materia prima; etc. Cuando de cerveza artesana se trata, cualquier logro tiene como precio un esfuerzo descomunal.
En definitiva, el cervecero artesano no puede ser competitivo, en ningún sentido: ni en precio ni en servicio.
Con independencia de lo frustrante que es ganarse la vida haciendo algo que no gusta o, incluso peor, haciendo algo que gusta mucho de un modo que no gusta, ¿por qué competir en el mercado del consumo masivo? ¿Es sensato rivalizar con las cervezas industriales en su terreno? ¿Por qué bregar con las grandes marcas, sobradas de recursos, partiendo de una evidente situación de desventaja? Los resultados serán las ventas que se arañen a las marcas industriales, a costa de un esfuerzo excesivo y constante de promoción, con el consiguiente desgaste personal y empresarial.
Y sobre todo, ¿por qué bregar con otras artesanas?
Tanta revolución y tanta historia y resulta que muchos empresarios (un cervecero es ante todo un empresario) han optado por una estrategia comercial similar, con lo cual, muchas de las cervezas artesanas (cada vez menos, afortunadamente) concurren en un mismo espacio definitorio: cervezas “normalitas”, diseñadas para “llegar a mucha gente”.
El resultado es que un gran número de marcas artesanas resultan confundibles, intercambiables, perfectamente sustituibles, prescindibles, con un mismo público objetivo: aquel a quien no le interesa la cerveza y, de cuando en cuando, flirtea con la cerveza artesana porque está de moda, “la he visto en la tele” o “es de mi pueblo” y deben competir entre ellas. Y no sólo eso, sino que esas cervezas "puente", “normalitas”, son caras para ser tan similares a las industriales, y el consumidor ocasional y/o accidental de cerveza artesana no repite porque no entiende (o sí entiende, pero no acepta) que deba pagar el doble por un producto apenas diferente y, con demasiada frecuencia, se vuelve a las habituales. Además, las “de siempre” te las puedes beber a morro o en copa helada y mientras hablas de chorradas, y es que la sofisticación está bien pa un rato, pero cansa, sobre todo si te cuesta el doble.
Si la diferencia entre dos productos no justifica la diferencia de precio, el resultado parece evidente. El esnobismo, las simpatías, el carisma, el ser primo del cuñado del vecino, el discurso reivindicativo, los valores adheridos, los sentimentalismos, el símbolo… alterarán la tendencia unas pocas botellas pero el consumidor, que sabe qué le compensa, volverá al producto con mejor relación placer/precio, en este caso, a la cerveza industrial (recordemos que hablo de cerveza artesana que intenta parecerse a la cerveza industrial, es decir, de cervezas de similares características).
Y lo que sucede con el consumidor habitual de cerveza "de calidad" o “entendido”, a quien no le importa gastarse 4 euracos en una birra, es que se decide por una birraca americana bien cargadita de lúpulo o de malta o de las dos cosas y/o envejecida, en una Mikkeller con garantía de flipe o en una belga subidita de alcohol, que al menos le calentará el morro, antes que en una cerveza casi “normal”.
En definitiva y a donde quiero llegar:
Una cerveza artesana es más cara (4) y costosa que una cerveza industrial, no tiene ni la misma cobertura ni el mismo presupuesto para promoción ni los mismos medios de control en la producción y es siempre más compleja y, afortunadamente, irregular que una cerveza industrial. Es decir una cerveza artesana es artesana, con sus claros y sus oscuros, y apenas tiene algo en común con una cerveza industrial, ¿por qué compararlas? ¿Por qué seguir tratando de comercializarlas en los mismos circuitos a través de los mismos cauces? ¿Qué tienen en común una guía de teléfonos y un ejemplar de Confieso que he vivido, aparte del soporte en papel? ¿Por qué tratar de reducir la cerveza artesana al absurdo de una cerveza industrial? ¿Por qué no explotar todas las posibilidades que ofrece la cerveza artesana? ¿Por qué no subrayar esas diferencias para justificar así una diferencia de precio inevitable? ¿Por qué no ensanchar el ya abismal abismo que separa un producto de otro? ¿Existe un producto puente entre la limonada y el güisqui, o entre la kokakola y la horchata? No, porque son bebidas diferentes.
Los artesanos cerveceros no deben responder a las exigencias de un mercado mayoritario que demanda productos baratos de fácil consumo, con lo cual, pueden innovar y arriesgar con productos originales y sorprendentes. ¿Por qué no apoyarnos en márgenes mayores en producciones menores, aprovechando así las ventajas de una mayor capacidad de reacción y maniobra?
En lugar de estandarizar nuestro producto, en un intento de abarcar el mayor número de paladares posibles, entrando en liza de forma inevitable con un buen montón de marcas más, ¿por qué no apostar por productos dirigidos a un público objetivo interesado (extremos, diferentes), más receptivo y/o más entendido en bebidas "de calidad”? Este tipo de público, además, suele gozar de un poder adquisitivo más alto, sabe lo que le gusta y no le importa pagar un poco más, incluso, en época de crisis.
¿Por qué tratar de seducir al consumidor de cerveza industrial en lugar de intentar fidelizar al bebedor de cerveza artesana o de calidad? De hecho, los ranking de preferencias de los consumidores habituales de cerveza artesana revelan que estos, de entre la oferta actual, prefieren las cervezas "distintas" de verdad.
Que todo esto no sea humo de paja, depende sólo de que haya suficiente de esa clase de público como para sostener unas cuantas propuestas de este tipo. Yo creo que sí.
También creo que si se deja de tomar como referencia la cerveza industrial y se buscan productos y sabores novedosos y sorprendentes, cada vez habrá más público de esa clase. Y si todo ese público viene a comprar a mi tienda, sería ya la perfección.
* * *
Eh, yo soy medio rojilla, ¿vale?, aquí hablo de meras estrategias comerciales dirigidas a asegurar la sostenibilidad de una empresa, no de posicionamientos éticos o filosóficos. No quisiera que la cerveza “de verdad” se convirtiese en un producto de élite, pero creo que el dinamismo del sector agradecería que se distanciara definitivamente, incluso en el precio de ser necesario, de esos refrescos con alcohol que son las mal llamadas cervezas industriales.
Y cada uno que venda/compre lo que le dé la gana.
* * *
(1) He oído esa frase, “llegar a mucha gente”, cientos de veces y suele estar vinculada a cervezas que a mí no me gustan. Nada que objetar, sólo es una observación. En realidad, no tienen que gustarme a mí porque yo no soy su público objetivo, yo no soy un consumidor medio de cerveza. En cualquier caso, que me gusten o no me gusten algunas cervezas no tiene la menor importancia, ni siquiera para mí, porque tengo otras cientos de montones de cervezas para elegir.
(2) Leo por primera vez “dictadura del sabor” de tecla (antes se decía “de pluma”) de Lorenzo Brusattin en el blog Marketing&Consumo.
(3) Esta situación de “ignorancia cervecil generalizada” sirve de coartada para algunas chapuzas. Algún elaborador admite sin rubores, juro que es cierto, que su cerveza es malucha, pero como la gente no entiende, qué más da… Es frecuente oír cosas como “con que la cerveza sea un poquito mejor que la Estrella es suficiente”. Por otro lado, quizá no todos los cerveceros que optan por esta estrategia lo hagan por una cuestión meramente comercial; quizá es que no saben hacer cerveza y se limitan a replicar una y otra vez la receta que les ha funcionado.
(4) Más cara o que se vende a un precio más alto o que se pide más dinero por ella o menos económica o llamémoslo como nos dé la gana.
(5) Si los tuviera, ya no sería “pequeño productor” sino “gran productor”, lógico, ¿no?, y seguramente ni eso, porque se dedicaría a viajar y a beber birra, en lugar de hacerla como un pringao…
(6) Es frecuente que el cervecero se encargue de todos los aspectos de su empresa: compra de materias primas, producción, administración, venta, promoción, mantenimiento…
Genial entrada. Totalmente de acuerdo desde la primera coma al último punto. Lo que yo busco en una artesana es la mayor diferenciación posible de los estándares del mercado.
ResponderSuprimirEstaba muy de acuerdo con todo hasta esta frase "quizá es que no saben hacer cerveza y se limitan a replicar una y otra vez la receta que les ha funcionado."
ResponderSuprimirEs mucho más difícil hacer la misma cerveza por años y hacerla siempre bien (y hacerla con dos o tres maltas, un lúpulo como condimento y con alcohol moderado) y que la gente la quiera seguir tomando que sacar un experimento nuevo cada dos semanas. El maestro cervecero de U Fleku hace 44 años viene haciendo la misma cerveza, y es un Maestro Cervecero con todas las letras, lo que sabe ese tipo, no se puede creer, pero hace 44 años que viene haciendo la misma cerveza porque es su trabajo (es un empleado de la empresa) y es un trabajo que le gusta (y le gusta mucho porque ha tenido ofertas para trabajar en otros lados y las ha rechazado) y la sigue haciendo de manera fantástica (cuando el dueño le da a la cerveza el tiempo que esta necesita), lo mismo podría decirse de las muchas micros de Franconia que hace 100 años vienen haciendo su dunkles y una bock en noviembre, sin nada de huevadas, y le pasan el trapo a cualquier cosa que Mikkeller pueda sacar (sin faltarle el respeto al danés, me gustan mucho sus cervezas)...
Con lo demás, estoy de acuerdo y lo que dicen es muy válido...
Max, aquí el término "funcionar" debe entenderse en su contexto textual y en su contexto de situación y significa poco más o menos "no es horrible". Faltan años para saber si "funcionan" en el sentido que tú le das. De todos modos, seguro que cualquiera de esos cerveceros que tú mencionas han elegido replicar esos estilos después de probar otros cientos, y los han elegido por gusto, por preferencia, no por "eliminación".
ResponderSuprimir¡¡Quiero que estés de acuerdo en todo!!
ResponderSuprimirPues yo discrepo y mucho:
ResponderSuprimir1. El hecho de rechazar una cerveza porque no resalta en nada o porque pretende llegar al mayor número de gente me suena a esnobismo puro y duro. Creo que en tu entrada se deja por alto algo importante:
2. Para hacer una buena imperial IPA hay que saber bordar una pale ale y me parece que eso es algo que se está obviando un poco en el panorama cervezoartesano actual. Un dry hopping cañero oculta fallos en una cerveza.
3. Que una cerveza llegue a mucha gente no significa que sea mala. Es más, se puede hacer una cerveza artesana equilibrada, con el toque justo de maltosidad, amargor, dulzor e incluso sequedad al mismo tiempo que a la gente "normal" le haga flipar. Y llegar a hacer eso no es nada fácil. La gente "normal" que bebe cañas comerciales no es tonta y muchos tienen muy buen paladar.
4. No conozco a mucha gente que se tome 5 cervezas extremas seguidas. Es más, no es fácil tomarse más de 1 IPA bien cargadita de lúpulos. No queramos ser los más guays del lugar. Está muy bien probar cosas raras, pero para un ratito.
5. Creo que hay una evolución natural en el aprendizaje cervecero. Intentar hacer una lambic como primera elaboración es una locura. Haz una de trigo 50 veces y a la 51 preséntame la mejor cerveza de trigo que he probado en mucho tiempo y me quitaré el sombrero. Esto mismo se puede aplicar al consumidor: creo que una fábrica artesana debería empezar haciendo cosas simples pero bien hechas y así acostumbrar bien a su público. Ya habrá tiempo de experimentar con gaseosa.
6. Estoy de acuerdo con Pivni. Solo hay que darse una vuelta por otros países que sí tienen cultura cervecer para ver que no se hacen tantas pajas mentales para hacer buena cerveza.
Anónimo, gracias por dejar el comentario.
ResponderSuprimirEstoy totalmente de acuerdo contigo.
Cuando tengas otro momento, por favor, busca conexiones entre tu comentario y mi post.
Cierto. Hay algunas conexiones entre tu post y mi comentario y estoy de acuerdo con muchas de las cosas que dices, pero la idea central del texto me parece una crítica a las cervezas artesanas que quieren llegar al mayor número de gente posible. No creo que haya nada malo en ello si se trata de una cerveza bien hecha. Otra cosa distinta es querer copiar la San Miguel. A veces es tan cabezota el que no sale de la caña Cruzcampo como el que solo bebe cosas que se diferencien lo más posible de los estándares del mercado. Esa es otra forma de fundamentalismo. Creo que en este país somos mucho de pasar del blanco al negro de un día para otro.
ResponderSuprimirAha! Yo pensaba que "funcionar" se refería a que algo andaba bien y no que "apenas zafa"....
ResponderSuprimirPor otro lado, los Maestros Cervecros que mencioné en la mayoría de los casos "heredaron" las recetas. En lo que respecta a los alemanes, que son empresas familiares que llevan varias generaciones, la heredaron de sus padres, acá, empezaron quizás como aprendices, pero es otro mundo.
Tampoco le veo nada de malo a la eliminación. Yo no creo que Mikkeller saca todas las recetas que se le ocurren, algunas las prueba, no funcionan y se quedan en un libro. Existe, por ejemplo, el caso concreto de BrewDog y Bad Pixie una cerveza de trigo con un concepto bastante interesante. Hace tres años recibí un prototipo, a mí no me disgustó aunque pensé que le faltaba ajustar un par de tornillos, pero al final no salió porque no funcionnó.
La pregunta entonces es ¿cuántos son los que "eliminan" recetas antes de sacarlas a la calle? lo cual me lleva a la siguiente pregunta ¿hace falta inventar recetas nuevas, no es suficiente con hacer un par de clásicos, pero hacerlos bien?
Es difícil. Desde acá, lo que me parece es que todos están tratando de buscar una identidad, tirando cada uno para su lado, pero con poco sentido de concepto. Lo cual es algo natural con tantas micros nuevas que de golpe han salido.
Yo soy una "gran" (por cantidad) bebedora de pils, Anónimo, y nada más cercano a los estándares que las pils. La idea central del texto es la siguiente: si yo montara una micro, elaboraría productos originales, raros y extremos, más o menos bien y con más o menos éxito, quién sabe, pero eso es lo que haría, porque creo que hay demasiadas cervezas parecidas y que el público “mayoritario” ya está servido de sobras. A lo largo del texto insisto en que hablo de estrategias comerciales, nada más, es decir, estrategias dirigidas a lograr las ventas necesarias para la subsistencia de mi hipotética empresa cervecera.
ResponderSuprimirNo, no tengo nada contra los estándares, y menos contra quien hace las cosas bien. Y me revientan los esnobismos. Estoy de acuerdo contigo: es esnobismo querer alejarse a toda costa y a cualquier precio de lo "popular”, solo porque es “popular”.
Si quieres otro día abordamos el resto de temas de tu comentario, que creo que nada tienen que ver con lo que yo he expuesto, aunque ya te digo que estoy de acuerdo contigo al 100%.
Por otra parte, hay algo de crítica en mi post, desde luego, pero dirigida a quienes hacen las cosas mal (mal no significa sencillo, ni siquiera simple; mal significa mal) a conciencia, a veces amparándose en las deficiencias del mercado.
No es la primera vez que leo, pero sí la primera que comento.
ResponderSuprimirMuy bueno el blog!
Con respecto al tema estoy de acuerdo.
Sobre lo que dice max de atenerse a las recetas tradicionales en vez de innovar. Creo que ahí está el problema un poco con la movida artesana en España (por lo poco que la conozco, corríjanme si me equivoco) y en muchos otros lados. A falta de tradición apelan a irse a los extremos, o hacen algo "extremo" o algo "para todos" (de las que habla el post). Quizá con un poco de esfuerzo podrían hacer cosas como las micros alemanas o checas (a priori no debería ser difícil encontrar una buena receta).
Por otro lado quizá el esfuerzo y el costo en recursos para hacer un producto con una calidad tan bien mantenida, es considerablemente mayor. Al menos si el cervecero es primerizo o tiene poca experiencia.
Antes de irme por las ramas, la corto acá.
Saludos!
Iba a escribir una entrada en mi blog al respecto, pero me dio un poco de paja así que les dejo esto. Hay lugar en el mercado de las "artesanas" para cervezas "simples" de esas "que les gustan a todos". Pura Ale, +Lupulus y Coaner (por mencionar aquellas que he probado) no son cervezas que calificaría como bombásticas, innovadoras o particularmente complejas. Son simples, bien hechas y, si se les presta la adecuada atención, también interesantes. (lo que sí desconozco es cuál es su éxito).
ResponderSuprimirMatizo/complemento mi comentario anterior (el primero de la lista)
ResponderSuprimirYo bebo todo tipo de cervezas, tanto industriales como artesanales, que las hay muy buenas en ambos grupos. Elijo la cerveza en función del momento del día, estado de ánimo, o sabor que quiero beber.
Por tanto, si bebo una Paulaner la disfruto totalmente. Pero si elijo una artesana no busco que imiten esa Paulaner, busco algo diferente.
Si encuentro una copia la disfrutaré pero difícilmente repetiré, porque para eso ya está la industrial. Así que seguiré buscando pero la anterior cerveza no me habrá fidelizado.
Interesante discusión, un post muy cuidado e inquieto, con muchas verdades. Sin embargo, creo que estamos mezclando dos cosas: hacer buena cerveza y querer ganar dinero a costa de ello. Evidentemente, eso no es posible. O si es posible, pero sólo está al alcance de unos pocos. O cuando menos, es terriblemente difícil por los más comunes de los mortales. Vamos punto por punto.
ResponderSuprimirEstamos hablando de un mercado como el español, y estamos todos de acuerdo en que este mercado tiene una muy baja “cultura cervecera”, y ese es un error de bulto: lo correcto sería “sibaritismo cervecero”. Es decir, se acusa a todo el mundo de que traga cervezas industriales sin preocuparse por saber qué hay más allá, pero nadie tiene en cuenta que el tomarse una Mikkeller (por nombrar una de la que ya se ha hablado aquí) implica pagar más, el esfuerzo extra de buscarla y el nada desdeñable hecho de conocerla previamente y que te guste, y encima a quien no lo hace se le llama “inculto”.
No creo que sea capaz de explicar esta idea, pero trato de decir que la humanidad puede sobrevivir sin disfrutar de una Mikkeller, sin leer a Kierkegaard (para no moverme de Dinamarca) o tocar con sus manos la Pirámide de Keops. Mi cuñado (por decir algo) es feliz tragando Mahou, y es capaz de decir frases como “no, no, sácame una lata roja que la verde no me gusta”, y si a mi cuñado le digo que se beba la Mikkeller, lo mismo se la bebe, pero te aseguro que no le convertiré “a la maravillosa religión de las cervezas Artesanas por las que hay que pagar más dinero” y que no va a ir al bar donde lleva acudiendo una década a ver el futbol para echarle en cara al hostelero a punto de jubilarse de que es otro “inculto cervecero” porque no vende Mikkeller.
El tema de la cerveza en España es batalla perdida para los incautos que hipotecan su sangre para ganar dinero a costa de un mercado que no existe. O alguien inventa una megacampaña para crear la necesidad de consumir buena cerveza (lavado de cerebro, propiamente dicho) u olvídate. Pero sobre todo, no acuses a la gente de que no te compra de que es “inculta”, que posiblemente lo sea, pero no le hará ninguna gracia que se lo recuerdes. Como leí por ahí en otro post (copio y pego): “el consumidor de cerveza standard español, que es el que se deja la pasta en cerveza, y lo único que valora de dicha cerveza es que esté fresquita, le regalen una camiseta cuando se haya bebido diez, que en el bar haya “pivitas” e irse a dormir la mona sin que le despierten los niños. Esas personas no son nichos de mercado para los cata-caldos microbrewers de mirada de mil metros que aparecen hoy día por doquier, que intentan averiguar el porcentaje de malta chocolate que tiene la "nueva receta" de su amigo ‘el Ricar’, o a qué minuto de la cocción le ha echado el lúpulo traído en una maleta desde UK para que tenga ese punto de amargor que le recuerda a una pradera sueca que visitó en la infancia caminito de Jerez.”
En medio están aquellos q gustan de beber cerveza con todo lo que ello implica en su “oscura realidad” (oh, sí, los “cultos cerveceros”), que saben distinguir entre una Porter y una Stout seca irlandesa, y que manejan conceptos como IPA, IBU, Dry hopping o ‘sabor a ésteres’. Y esos tienen a su alcance un mercado de cervezas (no españolas en su mayoría) como nunca lo han tenido. Y por lo tanto, no veo a ninguno quejarse, es más, dan palmas con las orejas, y es muy difícil competir con todo lo que tienes al alcance de la mano por un euro o dos y poco acercándote a un Alcampo (Auchan).
(continúa…)
Por tanto, los “microbrewers” que quieren ganar dinero lo tienen difícil por estos dos puntos: el poco mercado, y la gran competencia. Así que sintiéndolo mucho, les recomiendo (esto es también del otro post, que es más ácido y tiene su gracia, copio y pego): “que dejen los cantos de sirena y no quieran alardear con su receta artesana de cebada orgánica recogida por jubilados castrados malteada con agua de glaciar, secada al sol de “Shipiona” y pretender sajarte 5 EUR para así financiar su chorrimáquina recién comprada por internet e instalada en el garaje del abuelo, porque no es de recibo que quieran reírse en la cara de nadie, sobre todo porque la mayoría de las veces no pasan de fermentar un líquido que, al fin y al cabo es bebible pero cuya calidad no va asociada al precio.”
ResponderSuprimirY el post original tiene mucha razón cuando se pregunta qué gracia tiene el asunto de hacer una cerveza artesana si para venderla hay que replicar una comercial con éxito. Pero esa reflexión se la tendría que hacer directamente el microcervecero, y preguntarse él mismo “¿a qué estoy jugando?”. Si el microcervecero este imaginario que empezó a hacer cerveza para “llenar el hueco en el mercado de cervezas de calidad” y luego baja el listón porque nadie bebe su brebaje para equipararse a las industriales… ¿no es como querer hacer cine de autor, no vender ni un ticket en los cines y entonces hacer un remake de “titanic”? ¿Qué está aportando? Y si encima trata de cobrar más dinero, quien lo compre estará dedicando ese plus a caridad, más que a otra cosa.
Ahora bien, a favor de los microcerveceros, he probado cervezas artesanales que no tienen nada que envidiar a comerciales extranjeras (esas que compras en el Alcampo, Corte Inglés y millones de tiendas de Internet), y por las que no me importaría pagar algún euro de más… Pero, casualmente, el tipo que me la ha dado a probar… ¡¡me la ha regalado!! motivado más por un hobby que por un negocio.
Y sí, por supuesto que hacer cerveza en casa (o en un micro) es mucho más cara que comprarla, y sacarle rentabilidad no solo requiere de saber hacer cerveza, sino de un plan mucho más sofisticado de distribución, conocimientos comerciales y localización. Yo también he hecho unos pocos cientos de litros de cerveza en casa (y los que quedan), por lo que creo que algo de criterio (aunque poco), tengo. Pero no se me ha pasado por la cabeza ganarme la vida con ello, sobre todo, porque no tengo nada nuevo, ni bueno, que ofrecer.
Como experiencia personal os contaré una pequeña anécdota: por motivos que no vienen al caso, estuve residiendo un año en Escocia, y me dio tiempo a recorrer las Highlands en unas pocas ocasiones. En los pubs perdidos de aquellos pueblos, puedes encontrar cerveza de su microcervecería local, pero si te vas a un pueblo de la isla de Sky no encuentras la que has tomado 50 km. más al este, pero sin embargo tienes otra diferente, también de su micro local. Su mercado es ese: local. Los dueños de las micros no se ganan la vida con ello (doy fe, los 2 que conocí tenían trabajos estables y trabajaban en su micro… ¡¡1 vez al añoooooooooo!!), ni se compran unos estupendos Q7 para vacilar, pero gracias a sus ‘pocas’ ventas (a incautos como yo por probar la novedad) quizás les dé para regalarse un capricho de vez en cuando…
A lo mejor la mentalidad española de querer hacerse rico en dos semanas tenga mucho que ver en esto que está ocurriendo…
Anónimo, muy bueno tus comentarios.
ResponderSuprimirSin embargo, yo creo que las micros en España sí tienen mercado y potencial de crecimiento. No es una visión únicamente optimista, hay ejemplos. Argentina, Chile y hasta Italia, países en donde la cultura cervecera es muy parecida a la Española, o mejor dicho, tiene un mismo nivel de desarrollo, son ejemplos de que las micros sí pueden funcionar.
El tema es saber cómo llegarle al consumidor, crear un discurso con el cual la gente se identifique, y ahí es donde las micros la tienen difícil.
Uno de los logros más grandes del marketing del vino es hacerle creer a la gente que sabe algo del tema, cuando la realidad es, tal tal como lo dije acá, que lo que están comprando son solamente etiquetas y a pesar de todo ello, "Don Simón" sigue siendo el vino más vendido es España.
Con la cerveza no es tan fácil, el proceso de elaboración es mucho más complicado, lo de la "localía" (y ni hablar de lo "ecológico") no llega muy lejos cuando la mayoría de los ingredientes son importados y otras cosas por el estilo.
Pero más allá de eso, la verdadera diferencia la harán no tanto aquellos que sepan hacer cerveza mejor que otros, sino aquellos que sepan como venderla y como manejar sus empresas de la manera más eficiente.
Hay un verdadero futuro para los cerveceros Españoles...en contexto de crisis esta crece... y os aseguro que van a tener cuota de mercado...eso si, las mejores. Hay una cerveza que me gusta y creo que esta bien hecha, que la he visto en los 4-5 principales locales cerveceros, esta cerveza, en la futura (a fin de mes) Guia de Cerveses de Catalunya, copa 3 de los 4 primeros puestos...Hay futuro para la cerveza que destaque, que sea "buena", valga lo que valga....hay mercado amigos....no lo hay para más de lo mismo...apa SalUT!
ResponderSuprimirPara Anónimo Extenso:
ResponderSuprimirSi puedo elegir entre ser culta e inculta, prefiero no ser inculta y ser culta; si he de ser inculta y puedo elegir, prefiero ser inculta cervecera que inculta de cualquier otra cosa, incluso de fútbol.
Quizá para mí el término “inculto” no tiene tanta carga peyorativa, o a la inversa, quizá el término “culto” no tenga tanta carga positiva. Si no te parece un buen término, propón tú otro, quieres.
Desde luego, alguien que no conoce las Mikkeller (es la que tú mencionas) me parece tan digno de respeto como alguien que las bebe cada día, aunque quizá con este último yo tenga más puntos de coincidencia por razones obvias.
Por supuesto la Humanidad puede sobrevivir sin beber Mikkeller y sin leer a Kierkegaard, de hecho la Humanidad puede sobrevivir sin beber cerveza de ningún tipo y sin leer, pero como esto es un blog relacionado con la cerveza, pues tengo por costumbre hablar de cerveza.
Si alguien entra en la tienda y no sabe quién es Mikkeller (que al final parecerá que tengo yo acciones en Mikkeller) no le llamo inculto; lo mismo que tampoco le digo que le huele el aliento, aunque le huela, salvo que me lo pregunte abiertamente.
Sobre el resto, estoy de acuerdo básicamente contigo aunque discrepo en un punto: No hay mercado hasta que se crea. Y no veo ni malo ni descabellado intentar ganarte la vida haciendo cerveza.
Hola de nuevo, soy el Anónimo Extenso (al final lo adoptaré de nick).
ResponderSuprimirPropuse el término "sibaritismo cervecero" en mi anterior post. De todos modos, no hay que tomarlo tan a la tremenda, en el fondo estoy plenamente de acuerdo con lo que dices en los primeros 3 párrafos, pero quizá no supe transmitirlo bien, es dificil aclarar el tema. Pero para concretar, y si relees todo mi post de nuevo (si te aburres taaaaanto, hazlo) :D, te darás cuenta que lo que digo es basicamente lo que señalas.
Y para terminar, yo no veo malo intentar ganarte la vida haciendo cerveza, pero sí un poco descabellado, sinceramente. No obstante, insisto en que SÍ hay mercado, pero MUY PEQUEÑO, y no veo, a medio plazo, que la situación cambie. Aún así, de corazón, me gustaría MUCHO (muchísimo) equivocarme.
Hola a tod@s!
ResponderSuprimirUn post inicial perfecto, unos comentarios/réplicas posteriores plenamente esclarecedores, ¡gracias por escribirlos!
No fabrico cerveza para comerciar con ella, ni lo haré nunca, lo tengo como un hobby que me gusta y cuyos resultados van saliendo algo más que aceptables, pero admiro a los que se lanzan a la aventura comercial con productos dudosos/inanes (en un buen %) dirigidos a un mercado equivocado/inexistente/pequeño/ignorante (táchese lo que no proceda)
Cordialmente,
JC
Los grandes pintores abstractos han sido antes grandes pintores de cuadros realistas. No hay atajos para el virtuosismo.
ResponderSuprimirSon debates totalmente distintos. No veo la relación.
ResponderSuprimirApasionante debate, estoy de acuerdo con el planteamiento inicial, y en mi opinión lo que sucede responde al intrusismo de bastante gente que ha visto un hueco para invertir pero que no sabe diferenciar entre una stout y una lambic...
ResponderSuprimirDejo caer una pregunta: la calidad de las materias primas que por lo general usan las micros españolas es similar a la empleada en otros países, léase EEUU ó Escandinavia. Gracias