Intentando impresionar a su acompañante femenina:
-Quiero una cerveza... entre melosa y franciscana...
-¿?
Pese a que Diego es un pedazo de profesional, algunas situaciones le pillan a contraneurona. Entre melosa y franciscana es una de esas situaciones. Sin embargo, se recompone ágilmente y resuelve:
-Ah, querrás decir una Franciskaner...
-¡No, no, cómo va a ser una Franciskaner! –replica el cliente con el tonillo de ¿y esto es una cervecería especializada?, repasando a Diego de arriba abajo-. Además, esa la encuentro en cualquier sitio.
Desde luego, a veces Diego tiene unas cosas...
-Pues… melosa... ¿quieres decir con miel?
-¡No, cómo va a ser con miel! Quiero una cerveza... -pasan los segundos-, así, como belga... -otros segundos más en forma de eternidad-, una cerveza…-pasan los segundos- de los monjes...
-¿Quieres decir Trapense?
-¡No! Pero cómo va a ser Trapense... No, no, quiero una cerveza de malta... belga... de esas... de los monasterios...
-¿De Abadía?
-¡Sí, esa, esa… una cerveza frangélica!
-Pues…
Da igual.
Deo gratias.
Manifestar una no absoluta complacencia no tiene que entenderse como un ataque absoluto. El blog es mi contribución (fallida o no) a la cultura cervecera. Me parece valiosa porque vivo de la cerveza, le dedico mucho tiempo, hablo con mucha gente y puedo observar desde una posición privilegiada. Nada más. No me creo más inteligente ni sagaz que nadie. www.2d2dspuma.com Si además me compras cerveza, mejor.
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La polémica es bienvenida; el malrollo, no. Es muy fácil de entender, ¿verdad?