miércoles, 10 de febrero de 2010

NO SEAS SOSO, COÑO

En los países sin cultura cervecera, la relación del consumidor con la cerveza es casi la misma que con los refrescos. Pedimos colas, limonadas o cerveza para acompañar el bocata de chistorra o para quitarnos la sed, casi indistintamente.

-¿Es necesario aclarar que cultura cervecera no es cultura de "me tomo unos quintitos con los colegas"? Nadie se ofenderá si digo que España es un país inculto en ese aspecto, supongo...-

Sin embargo, así como tenemos muy claro qué marca de limonada es nuestra preferida (nos gusta el sabor, tiene más o menos carbonatación, es más o menos ácida o dulce...), cuando se trata de cerveza, rara vez nos paramos a pensar en si realmente nos gusta lo que bebemos. De hecho, la mayoría de la gente bebe X cerveza porque es "la de siempre", "a la que estoy acostumbrado", "la normal".

Además, beber cerveza es un acto social, un ritual, y ni se nos pasa por la cabeza la posibilidad de degustarla. "La cerveza tiene que saber a cerveza, déjate de mariconadas".

En el super, los factores determinantes a la hora de decidirnos por una marca u otra, son el precio (más en época de crisis, de ahí el auge de las marcas blancas) o la identificación con la marca (patrocinadora OFICIAL WOOOOW! de mi equipo de fútbol). ¿Y el sabor?

¿Sabor? Con las cervezas industriales no se puede hablar de sabor.

Las grandes marcas destinan ingentes cantidades de dinero a promoción y publicidad y deben rentabilizar enormes inversiones en infraestructuras, personal y sangrías fiscales. No pueden permitirse bravuras como la calidad, que a ver quién las justifica ante la junta de accionistas. Es comprensible. La cerveza a ese nivel es sólo negocio.

El caso es que, la dictadura férrea de procesos baratos y acelerados que ejercen las grandes marcas, dueñas absolutas del mercado, ocasiona que prácticamente sólo se consuman supuestas lager elaboradas a partir de extractos y adjuntos. Además, la estandarización de los productos hace que cueste distinguir uno de otro, de ahí que, cuando nadie nos ve, nos decidamos por las marcas blancas, que muchas veces dan cien vueltas a las hestreya pamm o las maouh.

No confesaríamos ni borrachos que en casa bebemos latas del lidel en lugar de la patrocinadoraoficialdelfutbolclubpijotero.

Bueno, qué os voy a contar que no sepamos todos ya.

Hace unos pocos años, como reacción a todo esto y gracias (como no) a la globalización, muchos consumidores empezaron a buscar en la cerveza de importación lo que les niega la cerveza comercial: algo de sabor. Casi da igual a qué, pero, ¡por favor!, que la cerveza sepa a algo. Y la cerveza de importación se puso de moda.

Ahora le ha llegado el turno a la cerveza artesanal.

Pese al precio. Sí, repito: pese al precio; porque la cerveza artesanal es muy cara.

Y es que hacer buena cerveza es caro.

* * *

Pero que la cerveza artesana sea cara ahora mismo no importa porque está de moda, y ya se sabe: Los medios se hacen eco de las iniciativas, surgen por doquier microfábricas, se venden equipos de elaboración casera, se organizan ferias, catas, cursos... Incluso algunas entidades deportivas lanzan sus propias marcas de cerveza.

La cerveza artesana ahora es guay y todo el mundo hace y/o consume cerveza artesanal.

Atravesamos momentos dulces, con los paladares más receptivos que nunca y con los bolsillos dispuestos al dispendio.

Los artesanos cerveceros tienen ahora la oportunidad (y la obligación) de conquistar esos paladares, de educarlos, para lograr se queden para siempre porque quizá nunca más vuelvan a tener una oportunidad como esta. Las modas tienen un movimiento pendular: pasan y se alejan hasta el otro extremo.

Por eso, es el momento de apostar fuerte.

Y aunque es cierto que se están haciendo cosas muy, muy interesantes, no basta con salir al mercado con una cerveza decente.

Hay que esmerarse, inventar, importar o crear estilos, variar las técnicas, innovar... siempre con los mejores ingredientes, en su proporción idónea y con rigor en los procesos (se nota cuando se estira demasiado el mosto o se usan extractos, ejem) porque las circunstancias imponen hacer cervezas excelentes.

Es el momento de hacer lo que sea necesario para ganar cuota de mercado, al precio que sea, incluso al de la rentabilidad, que ya optimizaremos los recursos más tarde.

Pero, sobre todo, el momento exige mucha autocrítica y muy poca indulgencia.

Y ahí estamos fallando.

Es decepcionante que muchas de las cervezas de reciente aparición, con evidentes pretensiones de profesionalidad, debido a un conservadurismo rayano en la pusilanimidad, sean banales, insignificantes, insustanciales. No es que sean malas, es que no tienen razón de existir, no aportan nada nuevo. En definitiva, son prescindibles. Y lo prescindible, en un momento como este, estorba.

Que también las hay malas de solemnidad, sí: o no saben a nada o son incluso un ataque al paladar.

La hestreya pamm, que mira que es mala, no es peor que algunas cervezas artesanas que estoy probando últimamente y que cuestan hasta 6 veces más.

Estas cervezas mediocres, muchas de las cuales hacen su aparición entre lisonjas, palmaditas en la espalda, aplausos, vítores, ingeniosas puestas en escena y afanes reivindicativos, son creaciones sin ambición, que confunden, provocan rechazos, despiertan suspicacias, bajan la media y ocupan espacio. Y perjudican a aquellas cervezas que sí merecen un lugar.

No basta con registrar un bonito nombre con gancho, una causa justa y que te curre gratis un colega diseñador.

Gracias a los contactillos se pueden vender algunas cajas; además, los colegas del curro, que son unos tíos muy enrollaos, te comprarán unas poquitas; y tus primos, que son muy majos, durante unos días pedirán tu cerveza en los bares para que vaya sonando el nombre; la revista del barrio hablará sobre "una cerveza en el barrio"; te llamarán 8 ó 10 coleccionistas por si tienes las chapas personalizadas (y no las tendrás); si coincide una feria, alláquevás con unas cajas; y así tantas acciones de marketing de guerrilla como quieras, que, si la cerveza es mala, se acabó. Y no vale con: "bueno, ya iremos perfeccionando la receta... es que todavía no sabemos mucho", porque los consumidores no son tontos y quieren recibir en consonancia a lo que pagan. Si se les decepciona, se acabó, porque los consumidores no suelen dar una segunda oportunidad.

Si esta falta de autocrítica nos lleva a repetir a pequeña escala los esquemas de las grandes marcas, se nos pasará la oportunidad. No seamos mediocres.

En cualquier caso, yo sólo vendo cerveza. Y aunque lo cierto es que me da igual vender una que otra, me daría lástima que se perdiera esta oportunidad porque se ha trabajado demasiado (otros, no yo) para dejarlo perder.

12 comentarios:

  1. Pues por desgracia no son pocas las marcas que han aparecido de este modo. Y es que cuando algo está de moda, siempre salen caras que en realidad buscan hacer lo mismo que las grandes, es decir, negocio sin importarles un pfff si es cerveza, curasanes o calcetines. En lo que si estoy con ellos es en los precios, subiditos, porqué están empezando y todos sabemos lo complicado que es echar "palante" negocios y más en estos casos. Ya para terminar, pienso que aunque pueda parecer que hay mucho "apalancao" en las artesanales, más pronto que tarde se darán cuenta que el consumidor no quiere una moda pasajera con un producto más en el saco sino un producto que aporte algo, y los que queden (que seguro no son todos) valdrán la pena y habrán aportado algo bueno y que antes no existía en la escena cervecera.

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  2. Teneis mucha razon en todo, parece que ahora a todo el mundo le dio por hacer cerveza, y claro los hay que se apuntan sin mas. Sin preocuparles si hacen la cerveza buena o mala. Pero como sabe el consumidor si realmente vale la pena la cerveza que paga, si esta acostumbrado a consumir las tipicas. No habria que educarlo un poco informarlo antes , no se es mi opinion, ya que se da el caso de darles a probar buenas cervesas pero no les gustan porque de la milestrellas no pasan

    Tambien de los cerveceros que si les preocupa la calidad. Creo que antes de sacar al mercado una cerveza, deberian darla a probar a gente con el paladar experto ya que al fabricante le puede gustar su cerveza pero no estar en linea de no ser un producto mas

    Es la opinion de un consumidor mas un pelin solo un pelin metido en este tema

    saludos

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  3. Estoy con vosotras, hablo como consumidor, hay tanta oferta (en gran parte gracias a 2d2) que como mucho le das 2 oportunidades a una cerveza, si es artesana, quizás 3, pero si no te convence, ahí están las otras, y lo peor de todo, los amantes de la cerveza, como los de cualquier otra cosa, no nos solemos estar calladitos, y entre aficionados, sí comentamos nombres propios (cosa que obviamente no podeis hacer vosotras desde el blog), para lo bueno y para lo malo.

    Y si partimos de la base de que la gente no sabe mucho, y con contentar a los aburridos consumidores de lager standar basta, nos estamos equivocando, para eso tienen la "franciskaner", para cuando les apetece tomar "cervezas raras".

    En cuanto agarrarse a un tiron nacionalista, es pan para hoy y hambre para mañana, pq ese mismo argumento puede usarlo una cerveza mejor que la tuya, y no se vosotros pero yo no voy a comprar una cerveza de Toledo, sólo porque yo sea de allí, si no merece la pena.

    Sobre el "ya mejoraremos la receta", pues no se me ocurre un argumento más tonto, si no tienes una buena cerveza, no la saques al mercado, seamos serios, no vamos a estar probando (y pagando) una cerveza que no nos gustó, cada 6 meses para "ver si ya han mejorado la receta".

    Un saludo a todos! y gracias por tener el valor para no callaros nada.

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  4. Muy de acuerdo con gran parte de la reflexión. Eso sí, yo siempre procuro en cuanto a cervezas artesanales ser un poco indulgente y, a pesar de exigir calidad, tener en consideración lo difícil que es empezar un negocio como ese... eso sí, jamás voy a decir que una cerveza es buena sin serlo

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  5. Por qué hay que ser indulgente con el cervecero artesanal? No lo entiendo. Sí, es muy difícil montar una cervecería y salir a buscar mercado, pero si pago un buen dinero quiero que el producto me lo valga, si el producto no está bien hecho, hay que decirlo y con todas las letras y si el que lo hace no se da cuenta y cambia, lo siento, que se vaya a la quiebra, porque si esa persona se lanzó comercializar su cerveza (chicas TODAS las cervezas que se venden con ganancia son comerciales) sin estar lo suficientemente preparado para ello, sin tener idea de control de calidad, sin tener equipos profesionales, etc. no tendría que haber empezado, porque esa persona puede terminar arrastrando a los otros que sí hacen las cosas en serio.

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  6. No estoy totalmente de acuerdo con eso de que las cerveceras menos preparadas arrastren a las buenas. Una buena cerveza se gana la fama por si misma, y hay algunas catalanas como la Sang de Gossa que ya se han ganado un prestigio. La gente la ha conocido y sabe que es una buena cerveza. Pero al mismo tiempo hay otras cervezas no tan buenas, y creeis que estas van a arrastrar a las buenas?? En mi humilde opinión en todos los negocios hay mejores y peores productos pero el tiempo acaba poniendo a todos en el sitio que se merecen.

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  7. Yo tampoco entiendo lo de arrastrar a las otras.

    Lo de ser indulgente, me refería más que a las cervezas artesanales que no saben bien (véase la asturiana esta que se comentado alguna vez, frente a la cual no hay indulgencia que valga) a aquellas que resultan aburridas, que no destacan, puesto que una mala opinión podría hacerles bastante daño comercialmente y desanimar a la gente a probarla y que al final fuese solo eso, una opinión entre otras tantas. Y una crítica destructiva entre amigos me parece perfecta, pero hay ya bastantes blog con una difusión considerable cuya opinión es tomada en serio por bastante gente, como ejemplo claro el tuyo, Max.

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  8. OK. Quizás exageré un poco con eso de arrastrar a las otras, es que estaba viendo la cosa desde otro punto de vista. Los que estamos escribiendo acá somos gente con cierta experiencia y conocimiento, pero la realidad es que somos minoría. Ahora, llega un tipo que hace rato viene escuchando sobre "las cervezas artesanales" y se anima a comprar una, paga para ello un buen dinero y luego, lo que se encuentra en el vaso es una sopa de levaduras o algo peor, esa persona va a quedar desilusionada y es posible que nunca más vuelva a comprar una artesanal.

    En cuanto a las críticas. Si una cerveza está mal hecha, hay que decirlo. Yo trato de ser justo y explicar qué fue lo que no me gustó de la cerveza. Si me toca una botella en mal estado, lo aclaro, por suerte ya soy capaz de distinguir si la contaminación se debe a una falla en la elaboración o a un maltrato de la botella.

    Ahora, si todo esto significa que la gente en lugar de ir a comprar, por ejemplo, Glops Fumada va a comprar Guineu Montserrat, me parece genial...

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  9. Pues yo pienso que cuando uno sube a la palestra un producto, lo expone a la opinión pública, y que sus circunstancias particulares no deben tenerse en cuenta. Si las circunstancias particulares son condicionantes y no son las idónea, es preferible posponer la puesta de largo o simplemente abstenerse. Lo que no me parece ético es que las circunstancias particulares sean atenuantes y, sin embargo, no atenúen también el precio. No sé si me explico...

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  10. Justamente a eso apuntaba.... El tipo que me vende una cerveza mal hecha me la quiere cobrar al mismo precio que el hace una como debe hacerse. Ser indulgente con el primero, es ser injusto con el segundo...

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  11. hola, felicidades por el blog.
    Os invito a pasar por el mio y que os tomeis alli una cervecilla
    http://micervecita.blogspot.com/

    salud!

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La polémica es bienvenida; el malrollo, no. Es muy fácil de entender, ¿verdad?